Capítulo – Después de la fiesta El eco de la fiesta aún latía en los oídos de Samuel mientras la camioneta avanzaba por el camino de tierra. El polvo flotaba en el aire como pequeñas luciérnagas apagadas, acompañando el regreso que nunca creyó que haría. En el asiento trasero, Daniela —la hija de Daniel Vassier—, dormía abrazada a un unicornio blanco de peluche. Ese mismo que Samuel había llevado para Mariana. Había elegido el unicornio con la esperanza absurda de que, al recibirlo, ella pudiera recordar algo de lo que los unía. Pero Mariana ni siquiera lo miró. Apenas se lo dejó en la mano, como quien deja una piedra olvidada en un camino. Daniel, su tío, rompió el silencio: —Te dije que mi terremoto tiene buen ojo para las cosas importantes —sonrió cansado, mirando por el retroviso

