Heather
—¿Te apetece salir esta noche?
Una vez hemos elegido la cena, sigo a Beth hacia una de las mesas hasta que acabamos sentándonos en una de las del centro.
—¿No es un poco tarde? Además, no conocemos a nadie.
—Son solo las nueve, Heather —hace una pausa para comer un poco de su lasaña—. Además, antes he oído que había una fiesta, y supongo que no sería mala idea pasarnos.
Medito su propuesta durante unos minutos. ¿Una fiesta? ¿Dónde? ¿Aquí está permitido hacerlas?
—¿Aquí pueden hacerse fiestas?
—No, tonta —ríe—. Es en casa de un tal... Daniel. Sí, creo que se llamaba así. No tengo ni idea de dónde es, pero seguro que alguno de estos nos querrá llevar.
Sonrío, acordándome de las anécdotas que me ha estado contando esta mañana en nuestra charla: cuando iba a fiestas de instituto y de cómo seducía a los chicos para que la llevasen a ella y a sus antiguas amigas de acompañantes.
—Está bien, iremos —acabo cediendo—. Pero se lo pides tú a quien quieras. Yo no quiero saber nada.
—¡Trato hecho! —exclama emocionada, y ambas empezamos a devorar nuestra cena.
Mientras termino mi ensalada, me descubro pensando si Álvarez estará ahí, pero enseguida quito esos pensamientos de mi cabeza.
En serio, ¿qué me pasa hoy?
***
Si antes digo que Beth no podría conseguir que un desconocido de la Universidad nos llevase con él a la fiesta, antes sucede.
En serio, ¿cómo lo ha hecho? Después de cenar, se ha acercado a unos chicos que estaban en la mesa de al lado, y en un abrir y cerrar de ojos los tenía comiendo de su mano. Tengo que admitir que sus intentos de seducción me dejaron alucinada, aunque nunca lo diría en voz alta.
Así que, aquí estamos. En un coche bastante caro para mi gusto, con uno de mis mejores vestidos, y yendo hacia la fiesta.
—Las fiestas para despedir el verano son las mejores —comenta uno de los chicos, Erick creo que se llamaba.
Solo espero que tenga razón. Las pocas fiestas a las que he ido cuando estaba en Barcelona acabaron siendo un desastre por diferentes razones.
—Ojalá —murmuro, pero ninguna de las tres personas que me acompañan me escuchan.
El trayecto resulta ser bastante corto y, cuando llegamos, soy la última en bajarme del coche.
Estoy nerviosa. Nunca lo admitiría en voz alta, pero lo estoy.
Un montón de preguntas deambulan por mi cabeza: ¿qué pensará mi hermano sobre esto? Seguro que me daría la charla nada más verme. ¿Y mi padre, estaría lo suficientemente sobrio como para siquiera hablar? ¿Y mi madre, volvería a huir?
—¿Heather? ¿Qué pasa, nena?
Sacudo la cabeza, volviendo a la realidad.
—Nada — intento sonreír—. ¡Vamos a entrar y a divertirnos!
Beth asiente, encajando su brazo con el mío. Pero mi sonrisa desaparece cuando veo a Chelsea con un vestido demasiado corto a lo lejos.