Capítulo 9. La oferta

1049 Words
Heather —Aquí es. Si necesitáis algo, mi habitación es la de al lado —explica Dani. —¿Seguro que podemos quedarnos? Giro el pomo de la puerta y hago una mueca de disgusto. Huele a humanidad ahí dentro y entre la oscuridad puedo ver lo desordenado que está todo. Nada más entrar, un poco escondido detrás de la puerta, puedo apreciar lo que parece ser una camiseta y ropa interior masculina tirados de cualquier manera en el suelo. —Claro —sonríe de lado—. Y sois unas privilegiadas; es la única habitación libre aquí arriba y os la estoy dejando a vosotras mientras que los demás duermen en el salón, luchando por ver quién se queda el sofá. —Muy gracioso. Como alguno toque esta puerta o entre, te juro que... —murmuro al darle cuenta de que el pestillo está roto. Beth ya está dentro, tumbada boca abajo en la cama y profundamente dormida. La ocupa por completo, y no sé muy bien cómo lo haré para acostarme junto a ella sin caerme de la cama o sin que ella me aplaste. —No te preocupes. Estoy al lado, ¿recuerdas? —Sí, pero si estás dormido... —Si quieres dormir conmigo, puedes venir y dejar de darle tantas vueltas. Lo miro boquiabierta y él se ríe por lo bajo. Las mejillas se me ponen coloradas al instante. Por favor. No. POR FAVOR. Que no se haya dado cuenta de eso. —¿Perdona? —Estás pegada a mí casi toda la noche y ahora me mandas indirectas... No sé. Dímelo tú. —Oh Dios mío, te lo tienes muy creído. Doy un paso, entrando así en la habitación. Beth ya ha empezado a roncar. —Lo que tú digas, pequeña —Dani sonríe, contagiándome. Por más que no quiera seguirle el juego, no puedo evitarlo. —Me voy a dormir. Última oportunidad para venir conmigo. —Idiota —le doy un golpe en el hombro—. Buenas noches, Álvarez. —Buenas noches, pequeña Heather. Y dicho eso se marcha, dejándome con una sonrisa enorme en los labios. Me acerco a la cama, donde Beth sigue durmiendo y roncando y ocupando el noventa por ciento del espacio. La empujo hacia un lado tanto como puedo y me tumbo junto a ella, pensando en si hubiese sido mejor idea haber aceptado la oferta de Álvarez de dormir con él. *** Toco la puerta de la habitación de Álvarez sin siquiera pensar en lo que estoy haciendo. Simplemente... lo hago. Beth me había dado ya unas cuantas patadas y por poco me tira al suelo, haciendo imposible que cogiese el sueño, así que esta es mi única salida, o eso quiero hacerme creer. Cuando Dani abre la puerta, me lo encuentro con los ojos entrecerrados por el sueño y el pelo desordenado, con mechones aquí y allá, vestido solo con un bóxer. Dios mío, pienso. ¿De verdad ha sido buena idea venir? —Heather —dice con una pequeña sonrisa, revolviéndose aún más el pelo con la mano. —Esto... ¿Puedo dormir aquí? —No has podido resistirte, ¿eh? —Es imposible dormir con Beth. —Claro —dice, pero sé que no me cree—. Ven, entra. Dani se echa a un lado, dejándome sitio para entrar, y cierra la puerta después. Su habitación está totalmente a oscuras, a excepción de la luz de una farola que se asoma por la ventana y que se aprecia tras las finas cortinas. Y digo finas porque, de tanto lavarlas, parecen haberse desgastado y puedes ver a través de ellas. Me giro hacia Dani, quien está de pie detrás de mí, mirándome pero sin decir nada. En sus manos tiene una camiseta, la misma que llevaba puesta en la fiesta. —Póntela. Estarás más cómoda. Miro mi ropa. Aún llevo puesto el vestido de anoche. —Gracias. ¿Puedes girarte mientras me cambio? —¿Tú puedes verme a mí medio desnudo y yo no a ti? Esto no es justo, pequeña —se queja, pero acaba haciéndome caso y va hacia la cama sin mirarme. Me cambio todo lo rápido que puedo y, después de doblar el vestido y dejarlo sobre la cómoda, voy hacia la cama, aunque me detengo justo al lado de esta. Dani me mira con ojos curiosos desde esta. —¿Vamos a dormir juntos? —No veo otra cama aquí. ¿Por qué? ¿Tienes miedo? —Es que estás... en calzoncillos. Álvarez se ríe, seguramente de mí. Pero lo cierto es que está demasiado bueno y que es mucho para mi pobre libido y mi cerebro cargado de alcohol y no quiero hacer nada de lo que pueda arrepentirme cuando esté sobria. —Y tú en braguitas. Sí, pero yo al menos llevo una camiseta, quiero decirle, pero he llegado a la conclusión de que no vale la pena discutir por esto. Solo hay una cama y no quiero dormir en el suelo y está claro que él tampoco, así que lucho contra mi yo inteligente que me dice que lo mejor es salir corriendo de vuelta a la otra habitación y me meto en la cama con él. Eso sí, dándole la espalda. —Ya que estás, pon una almohada en medio de los dos. —No te tengo miedo. Y era verdad. Así, sin mirarle, no le tenía miedo ni a él ni a lo que pudiésemos hacer. Oigo a Álvarez reírse de nuevo y también lo noto moverse... hacia mí. Se mueve hacia mí y pega su pecho a mi espalda y me abraza. Cuando vuelve a hablar, su aliento caliente en mi cuello me pone la piel de gallina. —Si te soy sincero, estaba esperando que vinieras. Has tardado mucho. —Solo espero que tú no te muevas tanto. —Pequeña, si yo me moviese te aseguro que no te molestaría en absoluto. Cierro los ojos ante sus palabras. Mi corazón se ha acelerado y estoy segura de que él lo ha notado, pero no digo nada. Tal vez si ve que estoy dormida deja de intentar seducirme o provocarme o lo que sea que esté intentando hacerme. —Buenas noches otra vez, pequeña durmiente.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD