Becca se encontraba en su antigua habitación, un pequeño rincón lleno de recuerdos, ahora iluminado por la suave luz que filtraba a través de la diminuta ventana. El vestido de novia colgaba elegantemente en la percha, como un sueño hecho realidad esperando a ser vivido. La ama de llaves de Greg, una mujer amable y experimentada, se movía con gracia por la habitación, ocupada en los últimos detalles y ayudando a Becca a prepararse para el gran día. Con cuidado la ayudó a meterse dentro del vestido y mientras abrochaba cada pequeño botón se atrevió a hablarle, aunque no era “muda” solía ser callada, pero ese día ante la felicidad evidente y contagiosa de la muchacha no pudo evitar charlar con ella. —¿Cómo te sientes, querida? —preguntó la ama de llaves mientras ya estaba ajustando desde at

