Greg caminaba por los pasillos de la casa, con el corazón acelerado y una sensación de intriga que no podía ignorar. Sus pasos lo llevaron hasta la puerta de la habitación de ELLA, y sintió un impulso irrefrenable de entrar. Sin pensarlo dos veces, giró el pomo y se encontró con una escena que lo dejó sin aliento. Becca, desnuda, se encontraba en medio de la cama junto a Blanca, su empleada. Ambas estaban abrazadas, sus cuerpos entrelazados en un baile erótico y seductor, moviéndose la una sobre la otra. La piel de Greg se erizó al presenciar la pasión desbordante que emanaba de ellas mientras se movían buscando el placer y gemían prácticamente al unísono. Sin poder apartar la mirada de ese hermoso cuadro, Greg se acercó subrepticiamente, como si fuese un intruso en un territorio prohibi

