Cuando salió de la habitación, esperaba no encontrarse con nadie, pero ni en sus sueños más locos, se habría imaginado que se encontraría nada y nada menos que al hombre, a quien le habían pertenecido sus pensamientos desde el mismo momento cuando la vio. No pudo evitar la emoción de su corazón, bombeando con frenesí, a tal punto de que por un momento creyó, sería capaz de romper las paredes de su pecho y caer al suelo. Sintió un inexplicable deleite con solo ver cada facción de su rostro, nunca había tenido la oportunidad de observar tan de cerca y con detalle una cara masculina, la cual parecía había sido cincelada por el mismísimo Dios. Todo en él era perfecto, su nariz, su boca, sus dos labios gruesos, la invitaban a posar los suyos en ellos, se estremeció de solo imaginarse el

