El bruto

1545 Words

¡Guau! La sorpresa del encuentro aún la siento en esa piel, la que está más abajo del ombligo… La intensidad de las caricias, así como el deseo manifestado, podían más que cualquier imagen apoteósica del ser femenino. El deseo, la entrega y, sobre todo, el disfrute de la caricia recibida o dada eran los elementos que lubricaban —y muy bien utilizada la palabra— la relación entre nosotros. Pablo sabía cómo sorprenderme y me convidó a pasar un grato fin de semana en Chile, en una de las playas de Viña del Mar, donde en incontables oportunidades había disfrutado de las caricias anónimas de los rayos del sol que, para muchos, son más sensuales que las de los dedos de cualquier mortal en la Tierra. Nos encontrábamos en un bonito hotel llamado Nilahue, en una suite bellamente decorada, con una

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