“Es sencillo hacer que las cosas sean complicadas, pero difícil hacer que sean sencillas” Friedrich Nietzsche Me di cuenta del error que había cometido una vez menguó el deseo. Samantha dormía entre mis brazos mientras yo me sentía culpable, desorientado y herido. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué seguía cometiendo el mismo error una y otra vez? Terminar con aquel circulo vicioso era tan simple como decir “hasta nunca”, pero esas dos palabras no salían de mi boca. En definitiva, no sentía lo mismo por Samantha, no había un amor avasallante en nuestra relación, pero de forma inconsciente me adhería a ella como una lapa. Probablemente era más fácil seguir con la costumbre. Quizá era más fácil pretender que todo estaba bien, pero debía ponerle un alto a esa situación. Lo más curioso, era q

