18 ―¿A dónde vamos ahora? ―preguntó Ariel aquella misma noche mientras secaba con cuidado a los últimos seis tasiers. Cogió el cepillo y empezó a cepillar su suave pelaje mientras Mandra, que ya se había duchado, se sentaba frente a ella en la cama con un ceño nada feliz en el rostro. Ariel había estado lavando a los dos últimos cuando Mandra había entrado en su camarote, ansiosa por asear a sus pequeños antes de darse ella misma una ducha, aunque le había llevado más tiempo de lo esperado; los tasiers no se habían mostrado muy interesados al principio con la idea de bañarse. ―Tenemos que hacer una parada más antes de llegar al hogar de los curizanos, el planeta Pax. Seguramente no podrás salir de la nave; va a ser demasiado peligroso. Además, allí no hay más que desierto. Estoy buscand

