Tenía miedo de lastimarla, de dañarla y tocarla con mis manos llenas de sangre. No me sentía digno de ella, pero mis sentimientos eran sinceros. Con ella quería todo, pero a la vez me asustaba qué reacción podría tener cuando me viera. La amaba profundamente, la amaba tanto que me dolía creer que en cualquier momento esto podría cambiar para peor. —Bastian... —susurraba entre besos. Ella era tan pequeña que cabía a la perfección entre mis brazos, era como ver a una mujer frágil que necesita ser amada y protegida las veces que sean necesarias. —Alena... por favor... —el corazón me latía con rapidez, sentía que en cualquier momento podría darme un paro cardíaco en cuestión de minutos. —Estoy asustada —admite nerviosa, dejo de besarla para verle la cara—. Yo quiero que sea especial...

