Cada noche una anciana enciende su máquina de coser, mientras cose en la oscuridad de la noche derrama algunas lágrimas.
Su habitación está llena de maniquíes, y la pequeña vela les habla a los maniquíes:
- ¡Mis hijas! Estoy haciendo un traje para mis nietos, espero que les guste.- Era bastante común, la anciana hablando con los maniquíes como si fueran personas. Tal vez porque siempre estaba sola.
Porque una noche, mientras cosía, algo sucedió, sintió que su corazón latía más rápido, se le cortó la respiración y se le nubló la vista.
En la puerta de su habitación vio a una mujer vestida de novia con túnica negra, la mujer dijo:
- ¿Sabes quién soy, dulce viejita?
- Creo que sí, han pasado tres años desde que descubrí que tengo cáncer. Así que sabía que en un momento u otro aparecerías, solo pasé a terminar la ropa de mi nieto.
- No puedo permitirlo.
- Entonces, ¿puedes permitir una cosa? Una cosa inusual.
- ¿Qué es?-
Al día siguiente se encontró el cuerpo de la viejita, ella había muerto. Pero lo más extraño sucedió después de eso. Su casa estaba vacía a excepción de los maniquíes, y algunas personas podían escuchar su máquina de coser funcionando toda la noche. Algunas personas incluso escucharon susurros, como si la gente estuviera hablando dentro de la casa.
El vecino pegó la oreja a la pared y escuchó una voz femenina que decía:
- ¡Ya no aguanto más, me duelen los dedos de tanto coser!- Respondió otra voz diciendo:
- ¡No pares! tenemos que terminar esto, la vela enferma seguía trabajando en ello. ¿Recuerdas haberla visto quejarse?
- No.
- Entonces continúa... ¡Tenemos que hacer lo mejor que podamos!-
El vecino epsantado llamó a la policía, pero cuando la policía fue allí no vieron a nadie. Solo había cajas, ropa, la máquina de coser y los maniquíes. Pero no una persona. Pero entonces, ¿quién estaba hablando dentro de la casa?
Un día la hija de la anciana llegó a su casa, entró en la habitación de su madre y vio algo que la sorprendió.
Había dos ropas de bebé encima de la máquina de coser, la ropa estaba lista y hermosa.
- ¡Qué hermoso traje!- dijo la hija, tomando la ropa en su mano.
- Espero que te guste, fue tu madre quien lo hizo, ¡pero terminamos!- Dijo una voz suave que venía desde atrás de la hija. Entonces se asustó porque estaba sola en casa. Entonces vio a los maniquíes que lloraban. Posi antes de morir, la viejita pidió a las maniquíes que terminaran de coser la ropa para su neto.