Mi celular vibró avisándome que tenía un mensaje. Le piqué para verlo. Era muy raro, sólo decía: "Búscame", así, sin firma. Traté de responder para preguntar quién era, pero no traía número ni nada. Qué extraño?...
Me olvidé del asunto hasta la tarde, cuando encendí mi computadora para entrar a internet y buscar unos datos que necesitaba para la tarea de geografía. Casi de inmediato apareció la pantalla del Messenger. Sólo decía: "tienes un mensaje", lo cual no era normal porque siempre me aparece el nombre de quien está en línea. Entré al Messenger y ahí estaba:
"Búscame, si no me encuentras moriré".
Teclee:
-¿Quien eres? - la respuesta fue:
- No te lo puedo decir. -
Esto estaba cada vez más raro. Volví a teclear:
- ¿cómo te llamas? -
- "Deidre" respondió -
- ¿Eres hombre o mujer? -
- Niña -
- ¿Donde puedo encontrarte? -
- No lo sé. Tienes que buscarme. Rápido. -
- ¿Porqué yo? -
En ese momento se desconectó y ya no me respondió.
Esto era todo un misterio. Pensé que quizá era una broma, o al menos tenía que serlo. ¿Cómo quería que la encontrara si ella misma no sabía donde estaba?, ¿y porqué estaba en peligro de muerte?, no, sonaba demasiado fantástico. Busqué mis datos, hice mi tarea, cené y me fui a dormir. Caí en un sueño profundo.
Estaba en un lugar muy oscuro, como una cueva o algo así. Sentí que algo venía tras de mí, algo peligroso. Podía escuchar sus pasos resonando por la caverna, avanzando hacia mí, incluso su respiración jadeante y ronca como de un animal.
Y de pronto escuché algo más: un llanto al fondo de un pasadizo. Mi perseguidor se aproximaba y yo sólo podía ir hacia delante, hacia el llanto. Corrí resbalando en el suelo húmedo de aquella caverna y llegué a una pared. El llanto venía de ella. De pronto se encendió una luz y pude ver a una niña encadenada a la pared. Pero no era una niña, era una anciana muy pequeña y muy muy fea, con la cara pálida y enormes ojeras moradas bajo sus ojos, pequeños y negros, que me recordaron los de un cerdo.
Su pelo blanco caía en mechas sobre su ropa, una túnica larga y rota, manchada de sangre!!
Lloraba, cuando me vio, abrió la boca con sus asquerosos dientes amarillentos y me dijo:
- Soy Deidre. Así que me encontraste -
Un gruñido sonó tras de mí! Volteé y lo que vi me puso los cabellos de punta!! era un ser horrible, mitad hombre y mitad animal, con las patas peludas, pezuñas y los ojos amarillos como los de una víbora. En un segundo Deidre se soltó de la pared. El demonio o lo que fuese se me vino encima y entre los dos me encadenaron a la roca húmeda. Deidre me arañó la cara con sus largas uñas y comencé a sangrar.
- Aquí te quedarás hasta que otro niño venga a buscarte. Sólo que tardará mucho, y entonces serás un anciano como yo. -
La luz se apagó. Me quedé solo. Mis muñecas tenían unos grilletes que me unían a una cadena anclada a la pared.
Me sentí sólo y aterrorizado. ¡No podía quedarme ahí para siempre!
Desperté con un grito. Mi mamá estaba junto a mí sacudiéndome suavemente.
- Emilio, que te pasa? -
La abracé, era grandioso estar en sus brazos, en mi cama, y a salvo. Ella se acostó junto a mí y nos quedamos dormidos. Al día siguiente mamá notó unos arañazos en mi cara. Pensó que yo mismo me los había hecho durante la pesadilla, pero yo tengo las uñas muy cortas. Poco después recibí un nuevo mensaje en mi teléfono. Decía:
- "No escaparás la próxima vez.