17 DE MAYO DE 2007 Volví a leer la carta, buscando más cosas de las que había escritas en aquella página. Mis manos bajaron hasta el regazo, apretando todavía el papel entre los dedos mientras mi mirada se perdía en el lejano horizonte; el espacio acuoso del Mediterráneo, el mismo telón de fondo cuyas olas azules y sol brillante hicieron que me enamorase de Gaia. Su carta añadió algunos detalles que no sabía, que no había sabido desde aquel día en 2004 cuando regresé a su habitación para descubrir que ella había desaparecido. Recuerdo cruzar la puerta, esperando que ella estuviese lista, duchada y vestida para irnos. Para entonces el sol brillaba a través de los postigos abiertos mientras una brisa de aire fresco mañanero se deslizaba entre las puertas francesas entreabiertas que daban

