Dante Sé que este no es el lugar adecuado para darme placer. Tengo que irme a mi habitación, así que le pido que no corte la llamada. Quiero escuchar su voz mientras me masturbo y me corro en mi mano. En todo momento la imaginaré. No me queda de otra. Me marcho sin decir nada. La verdad a estas alturas, por cómo me encuentro, no creo que sea apropiado hacerlo. Ya en la habitación comienzo a quitarme los zapatos con torpeza y la camisa. Después desabrocho mi pantalón y lo bajo un poco. Me dejo caer en la cama y acomodo mi cabeza en la cabecera. Agarro mi pene con una sola mano y empiezo a hacer mi labor para bajarme lo que ella provocó en mí. —¿Quieres escucharme mientras me masturbo? —le inquiero sin dejar de acariciarlo—. Imaginaré que eres tú la que lo haces. Su respiración ya se

