Teníamos que ir a su academia. A la de magia.
Y nuestras mascotas con nosotros, obvio. Ellos eran parte nuestra. Iban a ser nuestros ojos en la espalda. Estos animales eran sublimes, si lo sabías domesticar. Y créanme, ellos se adaptaron rápido a nosotros. Será porque somos mitad animal nosotros también?
Bombón ya no se despegaba de mi hombro. Carbón dormía abajo del asiento de Tobias. Caramelo iba enroscada en el cuello de Brandon como una bufanda que respiraba.
Nosotros íbamos en el carruaje con el director Ricardo, vestidos como cazadores de verdad, no como niños. Pantalón de cuero, botas con barro de verdad, camisa negra y nuestros lentes puestos. Olíamos a bosque y a animal. A nosotros.
En el otro carruaje iban nuestros superiores. Sí, los cazadores más grandes. A ellos nadie podía decirles que no. Todos saben que son lapidarios. Que si ellos dicen que una caza se cancela, se cancela aunque el Emperador diga que no.
Ellos tienen apenas 18 años, también hijos de magos sin magia pero cazadores. Walter, Daniel, Gema, Damian, Jeremías y Faustina.
Qué decirles, dan terror. Y hay más, pero estos seis son la punta de la lanza. Ellos se encargan de la parte más pesada, que nosotros todavía no podemos hacer. Ellos van con los magos más grandes, los de 20, los archimagos. Nosotros todavía somos los cachorros.
Cuando bajamos del carruaje todos los magos nos observaron. Todos. Era un silencio horrible.
Ellos no estaban acostumbrados a recibir cazadores y era muy raro que ambos trabajaran juntos. Somos dos mundos. Ellos huelen a perfume y a papel. Nosotros olemos a sangre y a tierra mojada. Ellos flotan. Nosotros nos arrastramos para escuchar el suelo.
Y ahí estaban ellos. Nuestros hermanos.
Aslan, Abram y el hermano de Brandon que se llama Cale. Parados en primera fila con sus capas blancas perfectas, con sus varitas de oro, con 16 años y cara de "qué hacen estos nenes acá". El verdadero trío de oro. El trío que sí sirve.
Al lado de ellos, Phillips, con su capa de príncipe , mirándome a mí directo. Y Matilda y Fernanda, las prometidas que nos traicionaron por ser sin magia, tapándose la nariz por el olor de Carbón.
Aslan sonrió, de esa forma que odiaba.
- Miren quién vino - dijo fuerte para que todos los magos se rían - Nuestros hermanitos. Y trajeron sus mascotas. Qué tierno. ¿Les enseñaron a hacer trucos?
Tobias apretó la lanza corta. Brandon le puso la mano en el hombro para que no saltara.
Clarabella no se sacó los lentes. Todavía no. Solo sonrió, con esa sonrisa de cazadora que aprendió de Ricardo.
- Sí - dijo bajito, pero todos la escucharon - Les enseñamos a buscar magos perdidos en el bosque. Porque parece que se pierden fácil cuando apagan la luz.
Y Bombón, que entendía todo, mostró los dientes.
Walter, desde atrás, con 18 años y una cicatriz que le cruzaba toda la cara, se rió una sola vez.
- Buena, cachorra.
Y el director Ricardo nos hizo avanzar. Porque la caza empezaba en diez minutos.