Mientras tanto, a los amigos de Clarabella les pasó exactamente lo mismo.
Como si estuvieran conectados. Como si fueran un solo corazón en tres cuerpos.
A Tobias le pasó igual. Se sacó los lentes en la mansión Álvez, su padre Malcom se asustó al ver sus ojos de lobo ámbar, su madre Yuridia se puso a llorar, sus hermanos del trío de oro, Abram y sus hermanas, lo miraban con lástima. Y en la mesa, los mismos familiares que le habían puesto la cabeza en el barro ahora discutían de quién fue la culpa.
No aguantó.
A Brandon le pasó igual. Se sacó los lentes en la mansión Burke, Victor y Romina se asustaron, su hermano gemelo el de la magia perfecta lo miró con miedo, y la misma mesa larga, la misma torta, los mismos tíos hipócritas.
Tampoco aguantó.
Fue como si tuvieran telepatía.
Los tres, sin ponerse de acuerdo, hicieron lo mismo.
Se levantaron. Gritaron. Dijeron que la culpa era de sus padres por no protegerlos. Y se subieron al carruaje sin mirar atrás. Ni siquiera quisieron pasar la noche en esa casa que nunca fue su casa. Dejaron la torta entera. Dejaron la ropa nueva tirada en el piso.
- ¡Llévenme de vuelta a la academia! - gritaron los tres, en tres caminos distintos, al mismo tiempo.
Y en el camino de vuelta a la academia, en ese cruce de tierra donde los tres caminos se juntan, sin querer se encontraron.
Los tres carruajes se frenaron al mismo tiempo.
Clarabella bajó primero. Vio los otros dos carruajes. Vio a Tobias con los lentes chuecos y los ojos llorosos. Vio a Brandon con la camisa manchada y la capa nueva hecha un bollo.
Nadie dijo nada.
Los tres se abrazaron en el medio del camino de tierra. Y lloraron. Lloraron como un par de niños. Como los niños de 7 años que realmente eran, pero que nunca les habían dejado ser.
No lloraban porque no los querían. Lloraban porque no querían ser las víctimas. Ellos no querían una disculpa. Ellos querían que siguiera todo igual. Que los dejaran en la academia, cazando, comiendo con la mano, con su muda de ropa y su trapo con perfume.
¿Tan difícil era entender?
¿Reconstruir? ¿Qué van a reconstruir? Si ellos ya estaban rotos. Si su corazón ya estaba partido desde que tenían un día de nacidos y los mandaron al anexo.
Su única misión en esta vida era cazar, salvar y vivir para ellos. Para el tridente. Para nadie más.
Y ahí, abrazados en el barro, entendieron que su verdadera familia no estaba en ninguna mansión.
Estaba ahí, en ese abrazo.