La mañana siguiente Theo ingreso en su oficina notando que el escritorio de Yoelis se encontraba vacío, miro la hora en su reloj. Ya era tiempo de que estuviera allí sentada, se preguntó si habría perdido el transporte. Se reprochó así mismo por no haberla ido a buscar esa mañana, si lo pensó muchas veces, pero especuló que si lo hacía la incomodaría más de lo que ya estaba. Opto por esperar su llegada siguiendo hasta su despacho. […] Era muy tarde, demasiado tarde para ir a trabajar. Una retahíla de juramentos resonaron en la cabeza de Yoelis dirigidos hacia el autobús que nada que llegaba, ¿Por qué se tardaba tanto? A mala hora se quedó sin coche, es que no tenía ni idea de que haría con ese pedazo de chatarra que ni remedio tenía ya. Mientras miraba la calle por donde se supone que de

