CAPÍTULO XXII —Por fin llegas —dijo Odessa aliviada al ver a Vlad entrar al departamento. Ella, en compañía de Dimir y Daria, se encontraban en la estancia esperándolos. —Estaba considerando ir a buscarte—, señaló Dimir. —¿Estás bien? — quiso saber Daria, preocupada. Vlad llevaba el saco del esmoquin en un brazo, se había quitado el moño y desabrochado un par de botones, lucía ligeramente cansado. —Sí, estoy bien, necesitaba pensar un poco y llegué por una copa, es todo, ¿qué hacen despiertos? Ya es muy tarde —respondió el joven. —No es obvio que te estábamos esperando, queríamos ver si estabas bien —respondió Odessa. —¿Cómo lo tomó Natalia?—preguntó Dimir. —No muy bien; pero tendrá que aceptarlo, espero que Tomás la haga entrar en razón. Al fin y al cabo, él la metió en esto— respo

