CAPÍTULO XVII EL AMOR NO SE ESCONDE Los días pasaban y el amor de Cristian crecía más y más. Luba era otra, su personalidad dominante y fuerte no había cambiado; pero ahora se veía rebosante de felicidad, sonreía más a menudo y a veces sin ninguna razón. El trabajo dejó de ser lo más importante en su vida, claro que lo seguía realizando con suma diligencia, como siempre lo había hecho; sin embargo, ya no se sumergía en él como lo hacía antes. Cristian no dejaba de sorprenderla, la había llevado ya a infinidad de citas y cada una había sido mejor que la anterior; fueron al cine, a patinar sobre hielo, tuvieron una cena romántica dentro de una de las cabinas del teleférico de la ciudad, acompañados de la vista hermosa vista. La llevó a acampar un fin de semana, Luba por poco y tira la

