El búnker de Leo vibraba con una energía eléctrica. No había espacio para las dudas ni para el miedo; solo quedaba el frío cálculo de la caza. Leo estaba de pie frente a la consola central, vistiendo un traje táctico de kevlar ligero bajo su chaqueta de cuero, ocultando armas y dispositivos que desafiaban la tecnología convencional. A su lado, Brandon ajustaba un chaleco antibalas mientras revisaba su radio. —Mi viejo tiene a los agentes del FBI posicionados a tres kilómetros. No se moverán hasta que tú des la orden, Leo —dijo Brandon, su voz firme pero cargada de adrenalina—. La zona del muelle 47 está despejada de civiles. Si ese bastardo aparece, no tendrá a dónde correr. Leo asintió, mirando a su "manada". Ian, Nick, Sam y Toby estaban equipados con auriculares tácticos y tablets con

