En un momento de lucidez, decidí tomar los bordes de su camiseta, tirándolos hacia arriba con el fin de quitársela de encima. Cosa que me quedé con ganas de realizar la última vez que le vi. Él se dejó sumisamente, ayudándome a quitársela por completo con una sonrisa divertida en su rostro. Una vez que su camiseta se encontraba fuera del campo visual, y aún bajo la tenue luz que había en la habitación, pude observar con calidad los tatuajes que rodeaban su torso, casi de manera completa. Allí se encontraba el comienzo de la serpiente que terminaba de dibujarse hasta su cuello, y en su pecho tenía unas grandes alas dibujadas. Aparte de ello, algún que otro garabato escrito del que no pude analizar bien, pero sabía que le quedaban mejor de lo que podía imaginarme su rostro desnudo. Unos marc

