''Queridos padres, ustedes no tienen la culpa de lo que suceda en mi mente y en mi cuerpo, yo solo ya no aguanto vivir con el vacío en el que vivo y cada vez siento que la oscuridad de este vacío me consume más y más, no quiero ser un fantasma ni un espectador de mi propia vida, lo siento, ustedes fueron los mejores padre que he tenido''
Escribí la carta y la puse sobre la mesa, seguidamente me tomé todos los somníferos posibles, todos lo que necesitaba. Lo de la carta era cierto. Había sido hija única y mis padres solo me han dado lo posible y más, pero algo en mi cerebro estaba mal, lo supimos cuando comencé a tener ataques de ansiedad y pánico en el instituto, luego, fuimos al médico que nos derivó con un psiquiatra y me explicó que el cableado de mi cerebro necesitaba de píldoras, que necesitaba ansiolíticos, antidepresivos y mucha mierda más. Era muy joven cuando comencé, luego me harté, ya no quería estar tomando una farmacia para sentirme bien. Estaba harta. Así que esa era mi realidad, la de Elize, la mía. Ahora tengo 17 años y estoy por terminar el instituto, pero no tengo ni la más mínima idea de lo que estudiaré, y no quiero pensar en eso.
Tomo 180 píldoras, mis padres trabajarían toda esa mañana, así que todo indicaba que estaría bien, yo dije que no tenía clases, aunque les mentí. Sí tenía, solo que quería estar sola en casa. Así que todo comienza a darme sueño, las cosas comienzan a verse granuladas, empiezo a sentirme torpe moviéndome por la habitación y esbozo una sonrisa, este era mi sueño, irme sintiendo esto. Quería bailar, pero no podía, estaba muy drogada para hacerlo y todo significaba un esfuerzo, de golpe todos los muebles eran enormes y la habitación era mucho más pequeña de lo que recordaba, así que dejé de intentar moverme y comencé a relajarme, me recosté sobre la cama y eché un suspiro de alivio. Mañana ya no estaría. No enfrentaría nada más. Honestamente, ya no me importaba si había un cielo o un infierno, de existirlo, creo que iría al infierno, así que no me depararía algo muy bonito así que mejor era no pensar en ello. Y luego, comencé a bostezar. Esto indicaba el final, dormiría y no volvería a despertar. La etapa final.
No sé si había sido un sueño o estaba muy drogada, pero antes de cerrar los ojos por completo, veo la silueta de alguien allí. Conmigo, un chico, con el cabello naranja, había leído que las personas que tenían el cabello de ese color significaban mala suerte, o al menos les hacían bullying por eso. Así que mi mente interceptó que eso significaba el adiós.
Pero no lo hizo.
Me desperté. En una maldita cama de hospital.
—¿Porqué? —intenté balbucear.
La realidad es que no lo dije de esa manera, o al menos no sonó así. No sé si escucharon hablar a una persona que tuvo una sobredosis intentando modular después, nunca dicen nada coherente.
La enfermera que se encontraba cercana se dirigió a mí con la mirada.
—Así que despertaste, que bueno. Bienvenida a la vida nuevamente.
Gracias, estúpida, ese no era el plan.
Veo a lo lejos a mis padres hablar con un doctor, y mis padres me ven a lo lejos alegrados de verme viva. Estaba entubada hasta el estómago, así que supongo que me habrán hecho un lavado de estómago, sentía la boca adormecida del lado del tubo y tenía muchísima sed. Pero estas cosas suceden cuando te quieres morir y las cosas no salen como las planeas, ¿verdad? Así que me pregunté mirando el techo del hospital si luego de esto quizás no podría hablar, si quedaría medio imbécil o ya lo estaba y no me había dado cuenta, sabía que una sobredosis además de provocarte la muerte también podía provocarte otras cosas. El problema es que justamente había hecho todo lo necesario para que me muriera y no tuviera que pasar por esto.
Voy a resumirles esta parte porque no es entretenida, varios días en el hospital cuando eres una estúpida que no puedes llevar a cabo la muerte. Leí en algún lugar que el porcentaje de personas que llevaban con éxito el exterminio de su vida con pastillas, era muy ínfimo. Normalmente hay alguien que te salva, no te tomas las suficientes pastillas o quedas idiota. En mi caso, no sé cual fue, pero tuve suerte de no quedar idiota, según lo que le dijeron a mis padres, había vomitado una enorme cantidad de pastillas y eso hizo que mi cuerpo no recibiera tanto daño más que las primeras que sí se derritieron con el ácido estomacal. Mis padres lo llamaron milagro, porque ninguno de ellos estaba allí y yo no me metí los dedos para vomitar, recuerdo haber cerrado los ojos. Pero supongo que mi cuerpo de todos modos expulsó por sí mismo y que no lo recuerdo porque estaba drogada. De todos modos, daba igual, estaría tres meses intentando volver a ser como antes, así que escapé una tarde.
Recuerdo haber corrido tan rápido de mi casa y de haberme metido en lugares que nunca se imaginarían que iría, así no me encontrarían rápido. Pero la verdad es que aún no estaba bien, encuentro la costa del río que tenemos y en la sola baranda tambaleo y caigo en el agua. Sonreí para mis adentros, genial, nuevamente me iría. Apenas puedo moverme por mí misma, ni siquiera tendré instintos de salvarme, porque de quererlo no podría porque ni siquiera sé nadar. Aunque, algo me sujeta el cuerpo y me eleva. Tengo los ojos empadados y balbuceo.
Mi cerebro funcionaba al menos para darme cuenta que esto era obra de una persona, porque estaba siendo llevada en los brazos de alguien que me deja el en el suelo intentando hacerme primeros auxilios.
¿Quien rayos es? Y ahí mientras le escupo agua, veo quien es. Matyas, el chico más popular del instituto. Que me trague la tierra y no me vuelva a escupir. Ahora he quedado oficialmente como una s*****a para todo el instituto.
—Que suerte que te vi, ¿perdiste el conocimiento?
Intenté balbucear algo y afirmé con la cabeza, no sé realmente que balbuceé pero les aseguro que no era algo coherente.
—¡Allí estabas! —comentó un joven pelirrojo.
No sé si había tragado mucha agua pero me resultaba familiar.
—¿La conoces? —inquirió Matyas.
—Soy nuevo en su vecindario, ella no se sentía muy bien y por eso vinimos a pasear para que tome un poco de aire, pero por lo que veo, la has salvado...
—Sí, así que no fuiste de mucha ayuda—espetó Matyas.
—Me disculpo, ya puedes seguir haciendo lo que estabas haciendo, y te agradezco por haberla ayudado. La puedo llevar a su casa, estaré al pendiente de ella —sigue el pelirrojo.
Matyas me mira sospechosamente y busca respuesta en mi mirada, solo pude abrirle los ojos con vehemencia pero no podía atreverme a decirle algo, porque se daría cuenta que no estaba bien. No sé quien era este sujeto y tampoco que buscaba, así que no podía demostrar que estaba débil.
—¿Y cómo sé que lo que dices es verdad? Puedes ser un desconocido. Yo al menos voy a su instituto —insistió Matyas.
—Si vas a su instituto has notado que no ha ido en tres meses, ¿verdad? —agrega el pelirrojo.
Matyas queda con gesto dubitativo.
—No lo sé hermano, no nos conocemos tanto, pero sí no la he visto por estos días.
—Quizás deberías prestar más atención entonces. Yo sé donde vive, yo la puedo cuidar, la llevaré a su casa. Ella está estuvo hospitalizada y por eso no ha ido al instituto. Cuando comience el semestre, nos verás a ambos, confía en mí —espetó el pelirrojo.
Matyas no me mira y parece hasta olvidarse de mi presencia, el pelirrojo comienza a sacarse el abrigo y a taparme con él.
—¿Porque estuvo hospitalizada?
—Nada grave, se operó los senos. Así que necesitó reposo.
Matyas queda enrojecido e intenta no mirarme los senos, yo impávida, intentaba decirle que no con los ojos, pero cuando menos me estaba dando cuenta, el sujeto extraño me cargaba en sus brazos.
—¿Te puedo dar mi número y me avisas cuando ella esté en su casa?
—Claro—le contesta el pelirrojo —.Pero ya ves que tengo los brazos ocupados, anota mi número, es 954-2244957.
—Genial. Gracias hermano.
Y Matyas se marcha, así que comienzo a rezar para mis adentros para que mis órganos no terminen en Corea. Es decir, lo que dije de que quería morir, quizás no era tan enserio, no quiero sufrir o que me vayan a desmembrar. Pero curiosamente, el pelirrojo se dirige realmente a mi casa.
—Deja de hacer estupideces. Ahora no te dejarán salir de tu casa hasta que demuestres que realmente no te vas a quitar la vida.
—No haré nada más—intento decir. Aunque no sé si eso realmente sonó como quería.
Él toca el timbre de mi casa y lo recibe mi padre sorprendido de verme empapada.
—Por dios, ¿que sucedió? La estábamos buscando, Elize, hija ¿dónde estabas?
—Solo se escapó porque había una fiesta en la costa. Ya sabe, los jóvenes y el verano.
—Ni siquiera es verano —espetó mi padre —¿Y tú quien eres?
—Soy un compañero de la escuela. Me llamo Sasha, de todas maneras, solo venía a acompañarla. Lo siento señor.
—Está bien...supongo—dijo mi padre tomándome en sus brazos —¿Vives por aquí?
—Oh, sí, vivo en el edificio nuevo que está a una cuadra de aquí. Me he mudado recientemente.
—Sí, están construyendo muchos edificios por aquí—respondió mi padre pensativo.
—Exacto. Es una linda zona. Bueno, me iré, ya sabe donde buscarme si me necesita.
—Espera, ¿tú sabes la situación de Elize? —inquirió él.
—Oh, no se nada señor. Solo sé que Elize estaba algo perdida en la fiesta, ni siquiera hablamos mucho. Por eso supuse que quizás debía traerla a su casa.
—Está bien, gracias —dijo mi padre por último y cerró la puerta.
Lo siguiente a eso, fue no volver a salir de mi habitación sin estar vigilada. Mi madre dormía conmigo y mi padre en ocasiones cerraba mi puerta con cerrojo. Sabía que había hecho mal las cosas, así que esto era normal. Y también sabía que los había preocupado, pero no había terminado aún. Saldría de esto, me recuperaría, y volvería a intentarlo.
Pero además de planear mis movimientos cuando todos dejaran de vigilarme y pareciera del todo recuperada, no podía dejar de pensar en el joven pelirrojo. ¿No era acaso el que había visto antes de cerrar los ojos cuando tomé las pastillas? ¿Podría ser él quien me causó el vómito? No, solo era una coincidencia. Pero de todos modos, ¿de dónde venía? ¿Y porque se molestó en ocultar mi secreto con Matyas o con mi padre? ¿Realmente vivía en el vecindario? Y, ¿cuales eran sus intenciones conmigo?
Lo que siguió fue recuperación, una inmensa y larga recuperación. Con el tiempo, dejé de pensar en el sujeto que había venido y solo pensaba en una cosa; reponerme. Las personas como yo no seríamos comprendidas en este mundo, ni siquiera podría explicar a nadie que no existe nada que te obligue a vivir una vida si no la quieres. Yo siempre supe que no quería hacerlo, pero sé lo que estas cosas le hacen a las familias, sé que era hija única, sé que tenía un montón de cosas que complicarían mi partida de este mundo, pero al final, debía ser solo mi decisión. Aunque es un poco contradictorio querer morirse a los diecisiete, pero para mí era la edad ideal. Sabía que el mundo afuera estaba lleno de oscuridad, que me llevaría en su estómago, que me masticaría, no quería nada de lo que todo el mundo soñaba, anhelaba un cielo de algodón y terciopelo, no quería en absoluto una vida de miseria.
Es indiscutible que mi vida para nada era una miseria, de hecho, no me violaron, no me golpearon cuando era niña, ni tampoco viví un trauma. Pero la cosa es esta, estaba cansada de vivir con mi cabeza. Sé que muchos no lo entenderían, de poder cambiar, lo hubiera hecho, pero no por mí, sino por ellos.
Pero todo intento culminó cuando estuve mejor y nuevamente escapé de casa. El sujeto pelirrojo le había dicho una gran verdad a mi padre y es que se habían construido demasiados edificios en mi vecindario. La mayoría tenía un seguridad, pero tenía una técnica, esperar que alguien saliera para poder entrar. Así que de este modo burlaba el sistema de seguridad de los edificios, y al final, no era la gran cosa. Mientras subía por el elevador solo podía pensar en una cosa, ¿cómo alguien con mi edad puede tener deseos tan fuertes de irse de este mundo como para querer aventarse por un edificio? Realmente, es una muerte horrible si lo piensas, debes subir demasiado alto para asegurarte de que no te molestará la caída, pero no quería arrojarme en la carretera, lo había pensado demasiado, y las probabilidades de morir eran escasas, en cambio las probabilidades de quedar paralizada de por vida eran incluso más altas y haber pasado tres meses de recuperación por una sobredosis ya me había sido suficiente.
Así que el elevador estaba siendo eterno, las personas mientras tanto subían y bajaban unos pisos más arriba y me decía para mis adentros que estas eran las últimas personas que vería, es decir, las últimas personas que me verían. Seguramente les habría luego de causar un problema, me encontrarían por las cámaras de seguridad e interrogarían a toda esta gente y probablemente todos me habían sonreído en el trajinar, pero nadie realmente sabía lo que estaba por hacer.
Y llegué, al último piso, a la terraza. Estaba vacía así que supuse que alguien sabría que estaba allí o que tendría poco tiempo para estar sola allí, que debía hacerlo rápido. La terraza era como todas las terrazas de edificios recién hechos, con barrotes y medidas de seguridad que tuve que saltar para poder estar al borde. Y mientras más lo veía, pensaba en que ésta era la decisión final, que probablemente me arrepentiría pero no sería sino hasta lo último y sería demasiado tarde, así que suspiré y me arrojé, no eran cosas que debían pensárselas demasiado.
Puedo sentir el viento golpeándome fuerte el rostro y peinando mi cabello hacia atrás, y pensé que luego lo último que sentiría sería el golpe final, pero, en cambio, sentí unos brazos rodearme y dejándome en el suelo. Cuando abro los ojos, lo veo, nuevamente, a él, al sujeto pelirrojo.
—¡¿Otra vez tú?!
—Ibas a cometer una locura. Y no puedo permitírtelo—respondió él.
—¿Y quien eres tú para decidir que es una locura y que no? —espeté enojada en el suelo.
—Nadie—admitió—.Mira, entiendo que nadie debería obligarte a vivir si no quieres, pero créeme que es un error si mueres.
—Bien—dije intentando entrar en su lógica—.A ver, dime tú porque es un error que muera yo, pero no antes de decirme como hiciste para salvarme, que diablos eres.
—Soy un ángel, en realidad vengo del futuro. Vine para asegurarme que no hagas esto.
Bueno, eso explicaría lo de volar...
—Mira, así vengas del pasado o del futuro, de todas maneras me conozco y sé que no iba a hacer mucho por la humanidad así que podrías dejarme en paz si entiendes lo que digo...
—Verás, en el futuro serás médica, y conseguirás la cura para el cáncer—espeta él.
—¿Cura para el cáncer? —replico —.Ni siquiera quiero estudiar medicina.
—No debería darte información sobre el futuro, solo estoy aquí para evitar que hagas lo que intentabas hacer porque eres importante, Elize.
—Bien, esto se pone más raro, sabes mi maldito nombre.
—De todas maneras, sé que no has sufrido nada, nada en comparación con personas alrededor del mundo, deberías dejar esa actitud tan egoísta cuando estoy diciéndote que podrías hacer una diferencia en el mundo.
—¿Y porque debo ser yo la diferencia? ¿No puede hacerlo alguien más?
—No—dice con gesto rígido.
—¿Y cuando dices que sucede ese descubrimiento que haré? —pregunto incesante.
—Cuando estés lista lo sabrás.
—¿Y ahora no lo estoy?
—Acabas de escaparte otra vez de tu casa y querías dejar con un inmenso dolor a tu familia, por supuesto que no estás lista, no puedes dejar de pensar en ti. Lo entenderás cuando dejes de ver por ti misma.
—Oye, imbécil. No creas que no sé las consecuencias de lo que iba a suceder, pero ellos saldrán adelante. De todos modos, es mi familia y no la tuya. Los conozco.
—Ningún padre debe ver a sus hijos morir. La naturaleza no está preparada para eso.
—Entonces, si vienes del futuro, ¿que hubiera pasado si me hubiera suicidado? Es decir, mi futuro como dices es ser médica y todo ese royo. Pero es un futuro construido a base de tu intervención, básicamente, mi futuro por libre albedrío terminaba aquí en el suelo.
—Levántate, te acompañaré a tu casa—dijo haciendo un cambio rápido del tema.
—No hasta que me respondas.
Él me toma del brazo y me levanta con una fuerza leve, seguidamente pone la mano en gesto de otorgarme el paso.
—Responderé todas tus dudas en el camino.
Yo miro con sospecha, pero sigo el andar. De todas maneras, ya no podría intentarlo hoy otra vez.
—Mira, el destino es solo uno. Es como una línea y no existen otras dimensiones posibles como alternativas de lo que hubiera sucedido. Pero en el futuro del que hablo, también vi a tus padres.
—Supongo que habrán estado orgullosos de que descubra algo como eso. ¿La cura contra el cáncer? Ni siquiera lo puedo creer.
—No, estaban orgullosos porque habías seguido adelante. Al parecer le habías dado muchos sustos y siempre habían estado preocupados porque encuentres tu vocación y evidentemente lo hiciste.
Camino pensativa, eso podría ser lo único creíble del relato. Efectivamente les he causado un gran miedo a mis padres, y seguramente también dolor. No quería causarles dolor, no al menos a ellos.
—¿Sabes si sigo viva luego de ese descubrimiento? —pregunto al ver que estamos llegando a mi casa.
—Te lo diré otro día. Nos veremos en el instituto, cuando mejores—espetó él.
—¿Vas a seguirme por el resto de mi vida? ¿Eres como mi ángel guardián y de los niños con cáncer o algo así?
—Algo como tu ángel guardián sí —concluyó frente a la entrada de mi casa —.Debo irme, me llamo Sasha.
Antes que pueda preguntar algo más se marchó. Así que solo entré, les comenté que había ido a visitar al amigo pelirrojo que vivía en un edificio y recibí un sermón porque los había preocupado, lo que me hizo pensar profundamente esa noche en el daño que les habría de causar si esa noche hubiera concluido con mis planes.