Acababa de preparar mis cosas para el fin de semana fuera, mientras mi mujer hacia lo mismo con sus cosas. Estaba dividido, siempre era agradable ver a mis padres, pero odiaba las bodas, no lo que implicaban como muchos ya que yo no tenía mala experiencia en eso. Ya llevaba diez años casado con Susana y no nos iba mal. Odiaba la parafernalia de las bodas. Salimos a las siete de casa y esperaba llegar a las nueve por ahí a casa de mis padres, como vivíamos lejos aprovechábamos en irnos el viernes y así nos quedábamos hasta el domingo. Susana se durmió a mitad del camino y tras mirarla pensé en lo acertado de haberla conocido y haberme casado con ella. Era una mujer estupenda y lo que más me gustaba de ella era su independencia, esa era sagrada al igual que la mía. No nos atosigábamos, ca

