Cloe

3051 Words

Ese año me sentía raramente cansado de mi vida, tenía cincuenta y cuatro años y en mi mente parecía tener cien. Las clases que impartía en la universidad habían acabado y de nuevo tenía un aburrido verano por delante; allí estaba, en la misma silla, en la misma mesa, en el mismo bar, del mismo pueblo en el que verano tras verano nos encontrábamos los mismos sujetos hastiados de un inverno demasiado largo y pesado, con ansias de sentir el sol en la piel que calentara nuestras almas frías. Entró Tomas un viejo conocido, que como yo año tras año venía a veranear al pueblo con su familia, si no recuerdo mal tenía una hija y una mujer que estaba bastante bien, era algo más joven que yo. -Hola Tomas. -Hola, Adolfo –me contesto amablemente- No es que fuéramos amigos propiamente a tiempo compl

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