Esa mañana en mí oficina recordé por enésima vez las palabras hirientes de mi ex marido, las palabras a veces cortan más que los cuchillos, porque aun sin atravesar la piel nos rasgan el alma, él jamás me puso una mano encima, no me maltrato el cuerpo y aun así me destrozó. Conseguía hacerme sentir chiquitita y tan poca cosa que apenas conseguía medrar en nada. La noche anterior me sentí dueña de cada golpe, sabiendo que podía parar eso solo con querer y eso me excitó más que cualquier caricia. Había dejado a Bruno durmiendo en mi cama y no había nadie cuando regresé al mediodía. Mientras recogía un poco y me hacia la comida pensaba en él, en que siempre fue el quien despertó en mi sensaciones jamás vividas con nadie y aun así me empeñe en huir, me daba miedo la intensidad con la que mi

