Ese mediodía, papá recibió la noticia, de que al día siguiente a su amigo le daban el alta hospitalaria. —No te pongas triste papi, en cuanto pueda iré a verte –le dije, sentada en su regazo. —Voy a echarte tanto de menos, mi niña...estos días, han sido un paréntesis alucinante. —Yo también lo he pasado genial, papá –contesté, besándole intensamente. —Dicen, que van levantar a medias el confinamiento cuñado, y estarás en posición de poder visitarnos siempre y cuando tengas que acercarte por aquí –dijo el tío, mientras papa no dejaba de besarme cada vez más apasionadamente. Me giré sobre su regazo, montándole, abrazándome a su cuello, disfrutando de su boca hambrienta —Apenas me reconozco, he pasado de echar un polvo al mes, a pasarme todo el día empalmado –dijo, notando como yo ya me

