Estaba en la ducha disfrutando del agua calentita, tuve que forzarme a salir de la ducha para vestirme o llegaría tarde al trabajo. Llevaba casi diez meses disfrutando de una nueva vida, gracias a mi mejor amiga Eva. Dos días después de mi separación me llamó como tantas veces; y como tantas veces le conté todo y juntas terminamos llorando. Dos días después la tenía ahí, forzándome a tomar la mejor decisión que podía tomar. Una semana después estaba instalada en un precioso apartamento en el centro y un nuevo trabajo, todo gracias a Eva. De eso habían pasado ya diez meses en los que cada día le daba las gracias por ello, por sacarme de esa dura espiral en la que me había metido tras mi nefasto matrimonio. Estaba llegando al trabajo cuando a lo lejos le vi entrar en el edificio, pensé

