Esa mañana del domingo me dirigía hacia la cocina quedándome paralizada cerca de la nevera. Mire aquel objeto electrónico totalmente confundida…habia ido a la cocina…pero… ¿Para que? Observaba de reojo la cocina, con una sensación de ligera confusión, cuando percibí un abrazo cálido que provenía de mi espalda. Experimenté un beso cálido en mi cuello que me hizo temblar, provocando que una leve sonrisa se dibujara en mi rostro. —Cariño has tardado mucho. —susurraba mientras sentía cómo sus brazos me envolvían más fuerte hacia él—Creí que te habías extraviado o algo por el estilo. —bromeaba en un ligero tono juguetón. —Lo siento Joshua —me recostaba de su hombro—He vuelto a olvidar que debía hacer, no recuerdo a que venia a la cocina. Joshua emitió un suave sonido desde su garganta, com

