POV Lorenzo Bernardi La vida debía seguir una línea sencilla, sin alteraciones. Todo tenía un inicio y un final. A las seis de la mañana, la alarma de mi teléfono sonaba sin falta, con su tono constante y repetitivo. Durante años, mi rutina se mantuvo igual: despertaba temprano, hacía ejercicio en casa, me duchaba, desayunaba una rebanada de pan tostado con huevo y una taza de café, y luego iba al trabajo, de ocho y media a cinco. Almorzaba mientras trabajaba, y al regresar a casa, leía la sección de economía del periódico, siempre centrado en ese tema. A veces intentaba variar con algún libro que compraba para no sentir que me estancaba. Finalmente, me acostaba a dormir. Cada día transcurría de la misma manera, excepto los fines de semana, cuando trabajaba de forma remota y salía por un

