En mi soledad, mientras estuve en la casa de mis padres, intentaba preguntarme el porque lo escogí a el si mi corazon supuestamente era de Elijah. En una libreta plasmé mis emociones actuales y surgieron términos como...
Parece amable.
Tiene un corazón compasivo.
Me transmite una sensación de tranquilidad.
Experimento una sensación de seguridad.
Siento que me respeta.
A veces, las personas no priorizan su tranquilidad emocional al buscar una pareja, a pesar de que se trate de algo sencillo. Mientras agarraba el cinturón de seguridad del coche, una suave sonrisa se dibujó en mi rostro.
¿Podría ser este mi segundo romance?
Muchas veces, una persona se llega a verdaderamente enamora hasta tres veces. El primero es el primer amor. Ese el que parece un cuento de hada que nunca quieres que acabes. Este es seguido por amor el amor que te traerá intensidad pero que destruye todo. Un amor que es como el terremoto que te mueve todo, pero así como te mueve puede destrozar. Por tercero un amor incondicional. Ese que te llena de tranquilidad y serenidad. Que te hace sentir que estas descansando en la playa en el día más cálido de verano.
¿Cuál era Joshua?
Al cerrar los ojos, empiezo a recordar a Elijah como mi amor más profundo, aquel sentimiento intenso que creí que perduraría eternamente. Aún lo percibo de esa manera, ya que en mis recuerdos él lo era todo. Entonces, ¿qué fue lo que cambio para terminar casada con alguien mas?
Si los dos compartíamos los mismos sentimientos, ¿qué fue lo que provocó el cambio en nosotros?
Cerrando los ojos podia verme corriendo en lo que parecía ser un ámbito escolar. Los recuerdos que guardaba eran tan nítidos que lograba percibir el aroma del pasto, el sonido de risas a mi alrededor y la intensidad del sol era mayor de lo habitual. Seguía corriendo hasta dar alcance a una persona que se desplazaba en dirección opuesta. Con alegría lo rodeaba con mis brazos por detrás, podía percibir una sonrisa ronca pero acogedora.
—Ya te encontré. —Murmuraba en voz baja.
—Siempre me encontraras.
—¿Qué sucede si no logro hallarte?
—Entonces, seré yo quien te busque a ti. —sonrió levemente—te encontrare las veces que sea necesario porque estoy y siempre estaré para ti.
Giraba despacio tratando de ver su cara pero con su voz era suficiente para dejarme saber que era Joshua. Sentia que algo me agitaba levemente el hombro, algo que me sacó de mis pensamientos, interrumpiendo el intento de recordar mas cosas. Abrí mis ojos lentamente y lo vi cerca de mí, con una leve sonrisa en el rostro.
—Amor, parece que estabas a punto de quedarte dormida —me observaba con calma—. llegamos hace poco tiempo y no respondías.
Él me apoyaba al haber abierto la puerta. Amablemente me ayudó a desabrochar el cinturón de seguridad, mientras mis ojos se encontraban con los suyos, lo cual fue respondido con una sutil sonrisa en forma de medialuna en su rostro.
—Me da la sensación de que algo positivo ha venido a tu mente. —se expresaba de forma calmada.
—¿Por qué lo piensas?
—Tu rostro —con suavidad me acariciaba—tienes ese gesto sereno que me hace pensar que recordaste algo bueno. Quizá no me tengas presente como tu esposo aun, es posible que estés desorientada, sin embargo, en tu corazón sigues siendo la misma. Eres la mujer a la que he amado y seguiré amando eternamente.
De manera amable, extendió su mano para ayudarme a salir del vehículo, gesto que agradecí al aceptar. Nos dirigimos a Charlestown, ubicado en las afueras de Boston. La casa estaba construida de madera, sin embargo, su aspecto exterior mostraba una decoración rústica en tonos crema que simulaba ser de piedra. La vivienda tenía un aspecto típico de clase obrera, con mas casas adosadas unas a otras cerca de ella. Observaba con curiosidad el entorno, ya que la casa de Joshua resultaba sumamente enorme en comparación con la de su hermana.
—Mi hermana se caso con un militar que la ayudo en su accidente—Joshua interrumpió mis pensamientos—ella rechazo el dinero de mis padres y prefiere válesela por ella misma.
Después de cerrar la puerta, tomaba mi mano derecha y me dirigía hacia la puerta.
—¿Por qué me dices eso?
—Por como mirabas, imagine que estabas pensando en la diferencia de tamaños.
—¿Acaso puedes leer mente?—preguntaba en un leve tono de broma.
—Únicamente la tuya —respondió con una sonrisa enigmática—nuestra conexión es tan fuerte que en ocasiones siento que puedo anticipar tus pensamientos.
Al llamar a la puerta, nos recibía una dama que se encontraba en una silla de ruedas. Movió sus manos para permitirnos el paso. La pureza de ella se reflejaba en sus cautivadores ojos color miel.
—Anastasia—Joshua se acerco a abrazarla acomodándose por la silla.
—Joshua, me tenía inquieta tu falta de llamadas—se removía ligeramente—Isabella, me enteré de tu percance. ¿Cómo te sientes?
La inspeccionaba levemente acercándome a ella para saludarla por cortesia. La amabilidad con la que me trató evidenciaba el afecto sincero que me tenía. Joshua colaboró en trasladar al hijo de ella al hospital debido a que no lograba controlar la fiebre que presentaba.
Durante el resto de la noche, estuvimos en alerta, administrando medicamentos y tratando al bebé de Anastasia, para luego regresar a su hogar, donde nos expresaron su gratitud. En esa ocasión, pude notar que Joshua tenía un gran sentido de la familia, era muy cariñoso con el pequeño y expresaba su deseo de ser padre, según lo que me contó su hermana.
Después de despedirnos de Anastasia, Joshua me llevó de regreso a la casa de mis padres, tal como habíamos acordado. En esa día, a pesar de su deseo de dormir conmigo, no podria hacerlo ya que debía emprender un viaje de aproximadamente dos días, por lo tanto, tenía que organizar su equipaje pues saldría a la cinco de la mañana. Volvería antes de la víspera de navidad algo que me llenó de alegría. En la puerta de la casa de mis padres, mientras nos mirábamos me sentía como una adolescente que había sido llevada a su casa.
—Cariño, regresaré lo mas pronto posible—mientras acariciaba mi mentón—te llamaré en todo momento para poder escucharte.
—¿Me llamaras tanto?
—Sí, voy a echar de menos oír tu voz—me acarició suavemente la mejilla dandome otro tierno beso—aguarda mis llamadas.
Al despedirnos, inclinaba suavemente la cabeza con una sonrisa similar a la de una adolescente que se está enamorando sin darse cuenta. Quizá estaba pensando en Elijah, sin embargo, mi corazón me indicaba que Joshua era la persona que me sacaba una sonrisa.
Al entrar en mi cuarto, oía mi móvil sonar repetidamente. Había olvidado por completo al estar con Joshua, por lo que me sorprendió al ver que tenía alrededor de diez mensajes y quince llamadas perdidas de Elijah en las notificaciones al acercarme. Haciendo una leve mueca descolgué el telefono.
Respiraba profundamente para calmarme y no sonar sorprendida por la cantidad de llamadas— ¿Elijah?
—Isabella—se escuchaba su voz ronca—Por fin contestas.
—Sí, olvidé mi teléfono —al acercarme a la ventana para cerrar la cortina, me di cuenta de que desde allí podía ver a Elijah mirando hacia mi habitación.
De repente, un escalofrío recorrió mi cuerpo, así que decidí cerrar las cortinas antes de sentarme en mi escritorio.
—Entiendo perfectamente —hubo un breve silencio— Isa, me he estado planteando mucho sobre nuestra relación últimamente. —Se percibió una sutil sonrisa—Memoro la alegría que compartíamos, lo profundamente enamorada que estabas de mí y yo de ti.
Sin comprender por qué mi cuerpo empezaba a ponerse rígido, reflexionaba sobre el hecho de que no recordaba que estuvieras tan enamorado de mí, mientras observaba mi escritorio detenidamente tratando de asimilar mis últimas memorias.
Con tan solo quince años, el acababa de celebrar su decimoctavo cumpleaños. Mis sentimientos por él siempre fueron profundos, le revelé mis emociones sinceras, pero fui rechazada con frases como "te considero más como una hermana" y "no puedo verte de otra manera".
¿En qué momento cambió todo?
—La oferta de refrescar tu memoria sigue en pie, regresa conmigo—se percibió un breve silencio —¿Por qué no darnos otra oportunidad? Compartimos una historia única, algo especial que no he experimentado con ninguna otra persona. Considero que es justo que nos demos una segunda oportunidad.
Mi corazón se encontraba lleno de incertidumbre al permitirle expresarse. —Elijah no es tan fácil. Mi esposo es Joshua. No entiendo qué sucedió entre nosotros. ¿Algo malo ocurrió entre nosotros?
En un momento, se produjo un breve silencio que me hizo dudar si la llamada se había interrumpido. Observaba el teléfono, dándome cuenta de que todavía se encontraba al otro lado de la línea. —Han ocurrido muchas cosas— contestó al fin —pero no hay nada que no podamos superar juntos. Isabella, tu ausencia me hace sentir tu falta. Echo de menos tu risa, tu personalidad, cada parte de ti. ¿Sería posible darnos una oportunidad, al menos?
—Dejame pensarlo. —Apartaba ligeramente la vista.
—Isa, tómate un momento para reflexionar sobre ello. Estoy completamente decidido a hacer todo lo necesario para recuperarte. Considero que todavía existe un sentimiento de cariño entre nosotros, simplemente necesitamos redescubrirlo.
—Elijah, lo pensare.
—Bien, pero al menos permíteme luchar por ti. Permíteme ser quien te acompañe siempre, deseo ser el amor de tu vida.
En mi juventud, anhelaba escuchar esas palabras que hacían que mi corazón se desbordara de emoción y suspirara suavemente.
—Elijah, hablaremos después.
—Como desees, Isa—se produjo un breve silencio—Te amo. Eres consciente de que eres el amor de mi vida, sientes un profundo amor por mí como yo por ti.
—Elijah, hablaremos después.
Al finalizar la conversación, mi mente se veía abrumada por un sinfín de reflexiones. Mientras me duchaba, mi mente estaba abrumada por una multitud de pensamientos cargados de incertidumbre y dudas, sin poder encontrar claridad en mis ideas ni en mis palabras. Elijah me había rechazado previamente, pero ahora estaba tan decidido a que estuviéramos juntos.
¿Habria pasado algo?
Mientras me recostaba en la cama, suspiraba y reflexionaba sobre si algo había sucedido entre nosotros, observando el techo. Empecé a unir las escasas piezas en mi mente, y todo indicaba que algo sucedió entre Elijah y yo que acabó dañando nuestra amistad. Me disponía a cerrar los ojos y dejarme llevar por el sueño.
El aire estaba frío ese día, el parque se sentía desolado. Las hojas de los árboles se deslizaba suavemente, como si el mundo estuviera susurrando sus lágrimas conmigo. Me acurruqué en un banco, con las manos inquietas y el corazón desmoronado. Elijah, a mi lado, mostraba una inquietud desbordante que jamás había presenciado. No podía contener sus lágrimas.
—No logro imaginar que esto esté ocurriendo... —susurraba mientras mis lágrimas desbordaban sin freno por mis mejillas. Mi voz se desvanecía, desmoronada por el tormento interno—. Elijah solo anhelaba ser padre. Todo mi deseo era tener a nuestro pequeño. ¿Por qué ocurrió esto?
Mi respiración se desvanecía en un torrente de sollozos y jadeos. La brisa helada acariciaba mi rostro, aunque no podía evitar sentir la angustia en mi ser. Elijah se desplazaba con inquietud, desconcertado. Él era la columna que anhelaba que me sostenga, pero en ese instante se mostraba frío.
—No es justo… —susurré, experimentando una intensidad en el dolor. Cada palabra que pronunciaba me lastimaba un poco más—. No entiendo por qué la vida es así. ¿Qué error cometí? ¿Por qué no lo cuidé lo suficiente?
Mis palabras se entrelazaban con el llanto, ahogándome. Elijah permaneció inmóvil, mirándome con una mezcla de desconcierto y remordimiento. Resultaba imposible aguantar este dolor, que me sentía sola incluso con él presente. Sin embargo, mi voz se hundía en el tumulto de mis sentimientos.
—Siento que me estoy desmoronando… —respondí, con la voz torcida, extendiendo una mano inquieta sobre mi rostro lleno de lágrimas—. No puedo vivir sin nuestro pequeño.
Elijah finalmente se aproximó a mí, aunque no pronunciaba palabras. Su rostro se mantenía en un silencio enigmático, distante del peso de mi dolor que flotaba en el aire. Sus ojos se desvanecían, desprovistas de emociones. Solo lo contemplaba allí, batallando con ideas, sin pronunciar palabra alguna.
—¿No comprendes? —susurré con desesperación—. ¡Siempre soñaba con ser madre! Esto no era una fantasía, era nuestra vida. Y ahora se ha marchado... se ha marchado para siempre.
Elijah, con un suspiro profundo que parecía brotar del ocaso de su ser, se aproximó a mí y me abrazó con toda su fuerza. Era un abrazo acogedor, casi terapéutico en el ocaso de mi angustia. Me abrazé a él, experimentando cómo su cuerpo se transformaba en mi refugio, en mi salvavidas en este mar de angustia.
—Aquí estoy contigo... —Aunque sus palabras eran delicadas, su aura se sentia fria y sin sentimientos. Algo totalmente contraria a sus palabras
Levanté mis ojos con fuerza, tratando de frenar el torrente de lágrimas, sin éxito. Su promesa resonó en mi alma, y aunque el vacío era palpable, tenía la certeza de que no sería única en este sendero sombrío.
—Te aseguro que no te abandonaré —prosiguió, firme como un acero—. Vamos a enfrentar este desafío juntos.
En ese instante, envuelta en el silencioso amor de Elijah, percibí que, aunque el dolor persistía, una chispa tenue comenzaba a brillar. Un diminuto faro de esperanza en el abismo de la tristeza.
Me despertaba en un torbellino de confusión y desorientación. En el sueño, parecía haber llorado sin cesar.
—¿Por qué resurgen estos recuerdos de mi aborto? —me sentaba en mi cama y recostaba mi mano sobre mi rostro.
No estaba segura de si era un recuerdo o algo que deseé que ocurriera, pero se hizo tan palpable que empecé a creer que mi aborto si fue real. Con cautela, acariciaba mi rostro, sin entender por qué empecé a sentir odio y descontento hacia Elijah. Mi corazón clamaba odio, clamaba alejarlo de mi, como si viera cosas que mi mente no captara.