Llevamos varios minutos rodando por la ciudad, me sentí plena, libre, nerviosa y feliz. Así debe sentirse una niña cuando la dejan salir de su casa sin sus padres. ¿Cómo serían mis padres? ¿Me dejaba salir? ¿Me consentían? ¿Eran buenos padres? — ¿Conociste a mis padres? — le pregunté a Connor. Lo veo tan concentrado y atento a la carretera, y a todo lo que nos rodea, que me noto sus nervios. — No tuve la dicha, pero me hablabas tanto de ellos que me parece haberlos conocido. — regresa su mirada a la parte de atrás del coche y a los lados. — ¿Puedes hablarme de ellos? — hago lo mismo que él y se ríe. — ¿Qué haces? — Lo mismo que tú, ¿nos están siguiendo? — ¿Qué? —Se pone alerta — ¿Viste algo? —Niego tomando su mano. — No, te ves muy tenso, desde que salimos no has de

