— Hola, ojitos violetas. —Ignoro lo que escuché. — ¿Me estás ignorando? Igual no me iré. — Estoy ocupada. ¿Qué quieres? —No me molesté en verlo. — Buscando a la chica que me quita el sueño — lo observo sin creerle —, no me mires, así que es cierto. — Para un irresponsable como tú, que algo te quite el sueño es una pesadilla —vuelvo a mi lectura. — Depende, pero definitivamente, tú no eres una pesadilla, y tenerte en mis sueños es un placer — dice como un hombre ilusionado. — ¿O sueñas o te quito el sueño? No se pueden hacer ambas — no retiro mi vista del libro, deseando que se vaya. — Nunca crees lo que te digo. ¿Por qué? — Creerte a ti es como creerle a alguien que se dedica a la política. ¿Has visto a un político que sea honesto? — se queda callado. — No soy pol

