Me estaba volviendo loco, por fin, mi estrella me dejaba tocarla como deseaba, y yo estaba por perder la cabeza. Seis meses pensado que no la volvería a tener nunca de esta manera, y tres meses deseando poder tocarla como lo estoy haciendo ahora y ahora que la tengo no puedo perder la cabeza. — Tranquila — la volví a besar mientras mis dedos subían y bajaban por encima de la tela haciendo presión en su centro como sé que le gustaba y su gemido me dio más confianza para seguir, sobre todo cuando me dio más acceso a ella. Pasé mis dedos por debajo de su tanga y volví a acariciar el paraíso, esa suavidad y ese calor que solo ella me envuelve. — ¿Estás bien? — Afirmó con su cabeza mientras besaba su cuello y su escote rozando sus pechos, pero sin invadirla —Te extrañe, mi estrella, extrañe

