Dejé que las hermanas se reencontraran y al cabo de un rato aparecí yo. Mi entrada en el salón produjo un silencio sepulcral. Me sorprendió ver a Cleo abrazada a su hermana mayor, pero más grande fue la sorpresa cuando se apartó y vi a Camelia. Una cicatriz enorme cruzaba su cara. Fue impactante, pero enseguida vi en ella la misma mirada de siempre, la que me recordaba a mi primer amor. Conservaba la esperanza de que la historia que me había contado Cleo fuese falsa, una forma de justificar el odio que le tenían quedando ella como víctima, pero estaba claro que no era así. La cicatriz en la cara de Camelia confirmaba los hechos. Si había inocentes en esa familia, me estaba costando mucho encontrarlas. Esperaba el momento en que Camelia terminara de saludar a sus hermanas y se acercara a

