Dos.

1894 Words
El café comenzaba a gotear en la máquina de hacer espresso, y la mano de Erin Jankowski fue la que tomó la taza con el producto final para vaciarlo en la leche de almendras que tenía ya preparada en su vaso que tenía forma de frasco. Bebió el resultado, ya que era un café frío, por eso los hielos, le gustó demasiado lo que sus papilas gustativas probaron, de manera tal que solo se quedó allí pensando en lo maravilloso que era tener esa gran bendición cuando se levantaba, era lo único que le daba la energía necesaria para comenzar el día. Por supuesto, estaba más que dispuesta a salir de la habitación de hotel, sin embargo, tenía muy en cuenta que eran casi las dos de la tarde, se levantó muy tarde porque estuvo trabajando en su laptop hasta las cuatro de la mañana. Su horario de sueño se había destruido por una publicidad que tuvo que hacer para sus jefes más exigentes. Se trataba de un aviso publicitario para una empresa de venta de electrodomésticos. Su trabajo se basaba en hacer publicidad, marketing y también un poco de diseño gráfico. A veces le gustaba dibujar, pero lo tenía más como hobby que como un empleo. Se sentía una mujer más que suficiente para enfrentarse a lo que se le pudiera venir encima, era sumamente responsable con todo lo que se proponía y siempre conseguía sus objetivos. Erin tenía un carácter bastante marcado, podía llegar a ser amargada para algunas personas, pero eso poco le importaba mientras pudiera ser ella misma, y es que en muy repetidas ocasiones los demás habían confundido su aparente amabilidad con los hombres con coqueteo, cosa que algunas veces era cierta, pero no todos los días. Su madre la crió con todo el amor que pudo darle, sin embargo, la batalla contra el cáncer la venció años atrás, cuando Erin tenía veinticinco, cosa que todavía la llenaba de tristeza, pero la recordaba con un muy bonito sentimiento. Su padre era dueño de un pequeño local de venta de comida asiática, a pesar de no tener nada que ver con la cultura, solo lo empezó por la popularidad de aquellos platos en la población en general, pero los empleados sí eran de esta r**a. Hubo veces en las cuales le dijeron que era una simple amargada, ya que su cara parecía estar molesta todo el día, entonces trabajó arduamente para que ya no pensaran en ella de esa forma. Una vez que salió de la habitación de hotel, se dirigió hasta una empresa de telecomunicaciones que estaba abriendo entrevistas a nuevos empleados para poder tener un mejor rango y mucho más reconocimiento en cuanto a los servicios que ofrecían, de manera tal que solo necesitaban mucho más flujo de gente que se interesara por lo que ofrecían. Entre esas chicas estaba Erin, quien hizo lo posible por arreglarse lo más decente posible, ya que en serio quería el empleo, llevaba alrededor de dos días en ese hotel buscando anuncios en línea que le dieran a entender que podía conseguir cualquiera de esos empleos, sin importar demasiado el cargo, ya que estaba en situación crítica, y se había ido de la ciudad en la cual residía, eso era mucho peor. Su padre estaba en esa ciudad todavía, buscando progresar, pero ella bien sabía que si quería triunfar, allí no lo haría, por muy triste que le pareciera. Tuvo que irse por la seguridad de su propia vida, ya que no quería depender de su pobre padre que se mataba trabajando, gastándose la vida en ello y solo conseguía a duras penas sobrevivir el mes. Sabía que ya no presionaría a su padre, lo dejaría ser como siempre había sido, alguien que le pone empeño a las cosas que hace, amor por sobre todas las cosas y demás valores que se quedaron arraigados en su ser, enseñándolo a los demás como podía. La chica entonces fue la siguiente de la lista, pasó a la entrevista, y los que estaban allí la miraron como si se tratara de un bicho raro que solo buscaba algo de atención. Se sentó en la silla y comenzó a hablar sobre sí misma, le encantaba hacer eso, decir la trayectoria de su vida y carrera, en qué era buena y todo lo que había hecho para llegar hasta allí. Los hombres que se encontraban detrás del mostrador con trajes de oficina, solo la escucharon dos minutos y comenzaron a tomar notas. Luego de la presentación, le dijeron que estarían llamándola en el transcurso de la semana para confirmar si había sido admitida como personal fijo. Por supuesto, las cosas no salieron como ella lo planeó, a pesar de haber puesto su vida en orden, así que mucho no podía quejarse. De repente, cuando llegó de nuevo a su habitación de hotel, vio que bajo la puerta había un sobre, y cuando lo abrió, se dio cuenta de que se trataba sobre una invitación a una fiesta de enjundia, y a ella solo la dejaban asistir porque ya había estado en varias en compañía de amigos y demás, aunque esa vez solo era por ser inquilina del hotel, pues la fiesta sería en el lobby, el cual era muy elegante, tal cual se exhibía en las fotografías que llevaba dentro el sobre. Pensó en que esa era su oportunidad de encontrar a algún empresario que quisiera invertir en su negocio, pues quería crear una página web en la cual pudiera vender diferentes tipos de mercancía referentes a virtualidad, además de ser la principal vía por la cual esa página web llegara a la cúspide, pero tenía que buscar a alguien que quisiera invertir, pues estaba casi en cero. La fiesta tendría lugar esa misma noche, de manera tal que se puso manos a la obra, comenzando a arreglarse desde ese momento, ya que era crucial toda la preparación que llevara para verse despampanante. Se metió a duchar con la mejor precisión que pudiera, ya que en serio quería conocer a algún hombre o mujer que estuviera interesado o interesada en su proyecto, pero no tenía idea del tipo de personas que se presentaría esa noche en el lugar, y es que podían ser desde gente de mucho poder hasta solo personas a las que no les interesara para nada lo que fueran los negocios y solo estuvieran ahí por el licor, ya que habían algunas bebidas gratis. Erin de todas maneras se sentía un tanto triste porque sabía que tenía muy pocas oportunidades de conseguir algo que en realidad funcionara, que le llamara la atención lo suficiente como para que le dejaran dar su discurso completo de proyecto, y aunque era un tanto tonto dar ese tipo de información a la gente que estaba más que concentrada en otro tipo de cosas, por lo menos se entendía que estaba tratando de hacer algo útil con su vida más allá de solo estar en busca de un empleo normal, y aunque era lo que estaba haciendo bajo la desesperación de lo que estaba viviendo, tenía muy en claro cuáles eran sus metas. Quería lograr ser una mujer exitosa, que todo lo que pudiera encontrar allí fuera lo mejor, que en serio la gente la tomara en cuenta para todo tipo de negocios y que además la respetara por lo que era, no que solo quisieran abusar de la calidad de sus servicios y ya luego no les importara más lo que pudiera pasar con su persona, cuando nada de eso era justo. Dos horas después ya se encontraba lista, solo debía colocarse un poco de maquillaje y estaba lista para salir. Para eso ya eran alrededor de las diez de la noche. Quería ayudar a su padre como este había hecho con ella toda la vida, y ahora le tocaba devolverle todo el amor, todos los mimos, todo lo bonito, incluyendo la abundancia. Sobre todo la abundancia era el tema que más le preocupaba en el mundo, necesitaba hacer algo para poder solucionar lo que de verdad pudiera en el día y hacer que su padre ya no pasara trabajo alguno. Durante unos buenos segundos, ella estuvo observándose al espejo, y es que su figura ya no era tan despampanante como solía serlo hacía dos semanas, ya que la comida que había ingerido era muy poca, era menos que poca. No era que estuviera pasando hambre, pero la mayor parte del tiempo se le olvidaba comer o estaba muy ocupada como para hacerlo, y era lo peor que podía pasarle, estar de mal humor y luego caer en cuenta de que solo era porque no había comido nada en largas horas, ya que después de eso, las cosas cambiaban para mejor. Después de comer se le podía ver sonriendo como si nada, como si de verdad funcionara el mundo de esa manera. Sabía que a algunas personas les podía pasar algo así, por eso antes de responder mal, pensaba en si tenía hambre, y si la respuesta era cierta, entonces diría con todo el gusto del mundo que se esperaría a comer para poder contestar, antes de que algo peor pudiera ocurrir. Ella estaba más que dispuesta a todo lo que le tenía deparado el futuro, así que bajó con toda la confianza que su cuerpo le permitió, no sin antes haberse tomado una crema de vegetales que calentó en el microondas. Estaba muy feliz con lo que iba logrando, que aunque no fuera mucho, por lo menos ya no estaba en el lugar tan pequeño en el cual vivía, así que las oportunidades allí en esa gran ciudad debían de ser mucho mayores también. Se acarició el cabello al entrar en el lobby, con toda la confianza en sus tacones de aguja color plata. Varios hombres voltearon a verla, y con esos, también algunas mujeres, y aunque sabía que llamaba la atención, trató de no ir inmediatamente a hablar con nadie, sino que fueran ellos los que se dirigieran a su camino para poder entablar conversación, era así de simple o nada. Había diferentes maneras de llamar la atención de los demás, ella lo sabía bastante bien, sin embargo, en ese momento solo quería objetivos en específico. El primero en llegar fue un hombre alto y de al menos unos cincuenta y tantos, conversaron un rato, pero no llegaron a nada porque este solo quería sexo casual, mientras que ella no. La chica siguió buscando con la mirada a cualquier persona que le pareciera interesante, pero no quiso por nada del mundo ir a hablar con los vejestorios que podían tener dinero, eso ya era sospechoso. Pidió un trago en la barra libre y le dio un sorbo, dándose cuenta de que se trataba de un vodka con naranja, le gustó mucho. Colocó el vaso de vidrio en la barra, mirando los hielos con atención cuando escuchó una voz detrás de sí que le habló, dejando que su subconsciente se sintiera un tanto estremecido debido a lo familiar que se le hizo. —¿Erin? Qué alegría verte, ha pasado un tiempo— fue lo que dijo la voz, y cuando volteó, se dio cuenta de que se trataba de un amigo de hacía algunos años, el mismísimo Jasper Horant, quien hacía de sus sueños húmedos más bien empapados. No lo podía creer, de verdad era él.
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