Capitulo 31. Narra Carolina No pude dormir pensando en mi propia advertencia. ¿Realmente sería capaz de dispararle a Yahir si tuviera la oportunidad? Mi mente decía que sí, que era la única forma de ser libre, pero mi cuerpo todavía recordaba cómo me aferré a su pecho en aquel callejón buscando refugio. Odiaba esa confusión, estaba segura que no sentia nada por el, debía de ser tanto tiempo encerrada, solo convivir con el me estaba volviendo loca no podia perder el norte. A las seis de la mañana, la puerta de mi habitación se abrió de golpe. No era Lucrecia. Era Isabel, vestida con ropa deportiva negra y una expresión que no admitía réplicas. —Arriba, Carolina. El mundo no espera a las princesas que necesitan belleza —dijo, lanzándome un conjunto de ropa similar sobre la cama—. Tie

