Capitulo 29. Narra Carolina Me desperté con una sensación de vacío. Ya no sentía el calor de Yahir, sino la suavidad de mis sábanas. La oscuridad de la venda ya no estaba, pero mi habitación se sentía extraña. Lucrecia estaba moviéndose de un lado a otro con una rapidez nerviosa, jamas la habia visto asi. —¿Qué pasa? —pregunté, sentándome en la cama. Mis rodillas ardían por los golpes en el callejón y mi cuerpo... Dios estaba molida. —Shh, niña. Quédese quieta. El patrón está abajo con la Señora Isabel —dijo Lucrecia, pasándome una bata de seda blanca—. Y créame, no quiere que ella sepa que usted está aquí de esta manera- la vi sin entender, quien era Isabel?- la madre del señor. —¿Su madre? —un rayo de esperanza me recorrió. Si ella era una mujer decente, quizás me ayudaría. Q

