Capitulo 34. Narra Carolina Leonardo retrocedió, tropezando con sus propios pies, con los ojos fijos en la navaja que brillaba bajo el sol. El miedo que veía en él ya no me causaba satisfacción, solo un profundo desprecio. ¿Cómo pude haber planeado una vida con alguien que temblaba ante una mujer desarmada... o bueno, casi desarmada? No era mas que un pobre estúpido y estaba feliz de que estuviera lejos de mi, lejos de mi vida y lejos de mi familia. —¡Carolina, por favor! —suplicó, con la voz quebrada—. Ese hombre te ha lavado el cerebro. ¡Mírate! Tú no eres así, tú no usas armas, tú eres... —¿Yo soy qué, Leonardo? —lo interrumpí, dando un paso más, acortando la distancia—. ¿La idiota que te creía todo? ¿La que te iba a mantener mientras tú te revolcabas con Ashley? Esa mujer se que

