¡Toc! ¡Toc!
- ¡Freya! ¡Abre la puerta!
¡Toc! ¡Toc!
- ¡Abre la maldita puerta!
¡Toc! ¡Toc!
- ¡Freya!
- ¿Quién grita tanto? -estiro mi cuerpo y abro mis ojos lentamente acostumbrándome a la luz de la habitación.
- ¡Abre la puerta!
- ¿Quién grita tanto? -me levanto y abro la puerta de par en par aún con los ojos medios abiertos-. ¿Qué desea?
- ¡¿Quieres que me muera de un susto?!
- ¿Nayan? ¿Qué haces aquí?
-Vine a… -me mira de pies a cabeza y pasa saliva.
- ¿Viniste a?
-Perdón, ¿recién te levantas? -pregunta, rascándose el cuello y mirando para otro lado.
-si, desperté gracias a tus gritos -le recuerdo, rodando los ojos-. Dime, ¿qué paso? ¿Por qué me levantas a esta hora? -me cruzo de brazos, pero no me mira-. ¡oye!
-Vine a hablar sobre lo de la otra noche -responde, aún sin verme.
¿La otra noche...? Que fue lo que paso... Haber, ordenemos las ideas, ayer fueron las Sombras Plateadas, la anterior luna igual, la que le resta también sumándole la molestia de las Gárgolas por su derrota, de ahí fue... ¿La fiesta donde lo vi? ¡Sí! ¡La fiesta!
-Bien, entonces pasa -me hago a un lado, pero no entra-. ¿Qué te pasa? Estás actuando un poco extraño, hace unos minutos estabas alterado.
-Eso es porque llevaba una hora tocando tu puerta y no salías, pensé que algo te había pasado.
- ¿Y ahora?
-Bueno… -titubea-. Es que estás en ropa… ropa interior -baja la voz a lo último.
- ¿En qué? -me señala y vuelve a pasar saliva, me miro desde la punta de los pies hasta la mitad de mi cuerpo-. ¡Qué vergüenza! -corro a taparme con una sábana-. ¡Por qué no me lo dijiste! -chillo.
-Te lo dije -entra y cierra, luego se queda de pie al frente mío, pero no me mira.
-Ya puedes mirar, ya me cubrí -informo-. Qué pena contigo, Nayan -me cubro el rostro con mis manos y niego muchas veces.
- ¿No te diste cuenta que estabas así? -niego-. Pregunta antes de abrirle la puerta a un extraño, imagina que no fuese yo es que estaba ahí.
- ¡Ni lo menciones!
-Oye -me mira.
-Dime.
-Tienes un bonito cuerpo -me da una sonrisa de lado, una encantadora.
Suspiro irritada y lo miro-. Idiota -le digo pausadamente. Eh aprendido alunas cosas desde que llegué, Orión me ah dicho que soy diferente y poco ingenua que antes.
El ríe y su risa me hace sonreír por inercia.
-Freya, sobre lo de anoche…
-No pasa nada -lo interrumpo.
-Espera, déjame explicártelo.
-De verdad, no pasa nada, solo no debí estar ahí en ese momento -sonrío forzadamente.
-Entonces, ¿todo bien?
Dudo, pero hablo-. Sí, todo bien -miento.
-Ok, pero solo para mantenerte informada, aquella chica solo es una amiga.
Así que te follas a tus amigas, eh.
-No importa -digo.
-Déjame terminar -me reprende-. Solo estábamos divirtiéndonos, ella no es nada mío, ni yo de ella. Solo es diversión.
Tú diversión me duele.
-Nayan, que está bien, es tu vida, no tengo que meterme en ella.
-Pero quiero que lo hagas.
Río-. Soy tu amiga, sería raro y algo incómodo para ambos.
- ¿Y si dejas de ser mi amiga? -su confesión me deja pensando.
- ¿Quieres que me aleje por lo que pasó ayer? -le pregunto, con mi pecho encogido.
-No, quiero que seas parte de mi -me toma las manos y con su pulgar me acaricia la mejilla, cierro los ojos sintiendo su toque y como me hace acelerar-. ¿Aceptas?
Su pregunta me devuelve a la realidad-. ¿Qué?
-Que si aceptas ser más que mi amiga.
- ¿Eh? ¿A qué te refieres?
-Quiero ser tu novio, Freya -abro mis ojos por completo, mi respiración se retiene y mi boca se seca.
- ¿Novio? -asiente sonriendo-. ¿Tú y yo?
-Sí.
- ¿Por qué?
-Porque me gustas.
- ¿Desde cuándo?
Duda-. Creo que fue desde que me diste aquel abrazo y comimos pizza.
- ¿Hace una semana? -pregunto, tímida y recelosa.
-Sí.
- ¿Y por qué te gusto?
-No sé, creo que, porque eres cálida, porque los días que la eh pasado contigo has sido los mejores de mi vida o, porque eres bonita -piensa-. No lo sé, puede ser alguna de ella o todas a la vez -se encoge de hombros.
-Está bien… -digo cualquier cosa.
- ¿Ese es un sí o un no?
-No lo sé…
- ¿No te gusto?
-Apenas me conoces.
-Te conozco lo suficiente como para saber que quiero estar contigo.
Pero no puedo estar contigo.
-Creo que debes irte -me levanto con la sábana cubriéndome desde mi pecho hasta mis pies-. Es muy temprano y tengo que darle de comer a Orión.
- ¿Me estás evitando?
-No.
-Si lo estás haciendo, Orión ya comió porque lo encontré esta mañana y le compré comida de gato.
-Oh, no sabía -pienso-. También tengo que bañarme y desayunar, así que tienes que irte.
- ¿Y si no quiero irme?
- ¿Por qué no querrías irte?
-No lo sé, quizá porque te quiero ver más tiempo -confiesa y se acuesta en mi cama-. Qué cómodo.
- ¡Oye! Tengo cosas que hacer.
-Si no me quieres aquí entonces sácame tu misma -me desafía.
- ¡Bien! Como quieras -me acerco y agarro su brazo-. ¡Eres muy pesado! -jalo con todas mis fuerzas, pero él hace lo mismo haciéndome caer encima de él, muy cerca de su rostro.
-Me gusta la vista que tengo desde este ángulo -sonríe.
- ¡Qué haces! -lo fulmino-. ¡Eres un idiota! -trato de pararme, pero me detiene agarrando mi brazo y mi espalda-. ¡Suéltame! -ordeno.
-No quiero hacerlo.
- ¡Nayan! -chillo, y muevo mi brazo-. ¡Qué es lo que quieres conseguir con todo esto!
-Si te calmas te lo digo -detengo en seco mis movimientos y lo miro a los ojos, el café de ellos es mucho más claro, profundos y almendrados-. Muy bien, solo quiero que aceptes.
-Ya te dije que no.
-No me voy a rendir tan fácil, no soy de esos.
-Pero dije que no.
- ¿Y?
-Que me sueltes o, si no, te… -abro los ojos por completo, sus labios junto a los míos, parpadeo muchas veces mientras se separa de mí.
-Tus labios son suaves.
Lo miro, durante minutos.
- ¿Te gustó? -no digo nada, ni me muevo, estoy paralizada, sin saber qué hacer o decir.
-Tienes que irte -digo, parándome y acomodando la sábana.
- ¿Solo eso? -pregunta decepcionado.
-Si -afirmo mientras intento abrirle la puerta.
Voy a girar la manilla, pero me jala del brazo haciéndome girar bruscamente-. Tu me gustas -me apega a la pared-, ese beso significó mucho para mi y sé perfectamente que para ti también -y con eso vuelve a unir sus labios con los míos, esta vez puedo sentir su boca moviéndose muy suavemente, probando ambos labios con una delicada paciencia.
Lo alejo un poco poniendo mis manos en su pecho, el me mira y pregunta-. ¿Puedo? -yo solo asiento ligeramente y en un dos por tres ya nuestros labios están unidos nuevamente es un beso suave y dulce, lleno de sensaciones increíbles.
Delicadamente de saca la sábana que tengo en mi cuerpo y se apega más a mi agarrándome la cintura. Subo mis brazos a su cuello para estar más cerca. Él acaricia mi cintura y yo tiemblo por su tacto frío, pero me acostumbro. Baja sus manos hasta mis piernas y me levanta a la altura de su cintura enrollando mis piernas en ella.
Freya, para.
-Eres hermosa.
Sus palabras me hacen mirarlo rápidamente y sonreír por lo dulce que sonó.