— Pero Bomboncito —Lloriqueo el menor. — Ya te dije que no —Se cruzó de brazos el mayor. — ¿¡Pero por qué no!? —. — Porque ya tienes veintitrés años, niño —Respondió — no pienso comprarte un inflable — — Pero Bomboncito ¡míralo! ¡es enorme! —Lo miró con un puchero — ¡por favor! ¿Si? — — No — — Si — — No — — No — — No, ahora vámonos —Tomó su mano sacándolo de la tienda de jueguetes. — Pero amor...—Hizo berrinche siguiendo al mayor con un puchero y los ojos brillosos. — Niño ya te dije que no...— *** — ¡Esto es tan divertido! —Aiden decía mientras saltaba en el inflable, que ya se encontraba puesto en el patio de su gran casa. — ¿Por qué sigo comprandote lo que quieres? —Pregunto el mayor desde afuera, miro a su alrededor notando todos los juguetes que le había comprado a su ni

