Una semana. Una larga semana ha pasado desde el fallecimiento de mi padre biológico, y ahora me encuentro en la oficina de un notario de Londres junto a Ryan. Nos han citado porque somos beneficiarios de una gran herencia. Sinceramente, no me importa la cantidad de dinero y bienes que haya dejado Andrew. Aun no dejo de llorar su muerte. Recuerdos de mi infancia llegan a mi mente como pequeños flashes, en donde Andrew llegaba en cada cumpleaños, en cada navidad, en cada recital, y que me dirigía una sonrisa cargada de amor, para luego mimarme como el padre que él suponía que era. Si tan solo le hubiera dicho “te amo, papá”, mi dolor no sería como el que tengo en estos momentos. Ryan sí está más sereno, tal vez por lo que él si está tranquilo porque cumplió con su papel como hijo y pudo d

