Desde que era muy pequeña soñaba con el día en que me casara. Veía aquellas grandes bodas en las películas y yo deseaba ser la mujer que estaba con un lindo vestido de novia, a punto de unirse en sagrado matrimonio con el amor de su vida. Pues ahora, a mis 24 años, y con un bebé en mi vientre, estoy parada frente a un salón del registro civil de Manchester, esperando a entrar para convertirme oficialmente en la "señora Pereira". Si bien será una boda civil, para todos es como una boda normal, y es que incluso han venido mis familiares de Londres. Los únicos que no pudieron venir fueron los de París (la familia Harrison-Powell-Evans) porque la situación climática en Francia aun es crítica y los aeropuertos están cerrados. -¿Lista? – me preguntó mi padre Jake, cuando recibimos la orden de

