Capítulo 72

4714 Words

NARRA BRIAN   Nadé, nadé y nadé, hasta llegar a la orilla. La natación hace parte de mis terapias de recuperación, y la piscina de la mansión no podría ser mejor. Y claro, en la orilla empedrada, me esperaba una copa de un delicioso granizado de café. Gustos que me puedo dar por ser el “joven de Levallois”, como suele llamarme Albert, el mayordomo, cuando no recuerda mi apellido.  -Joven de Levallois, su esposo ya ha llegado – me dijo Albert, con mi toalla en mano.  -¿Tan pronto? – pregunté, asombrado. Miré la hora en mi reloj de muñeca a prueba de agua. Dos de la tarde.  Salí de la piscina, y Albert me cubrió con la toalla muy cordialmente, como está acostumbrado a hacer. Al principio me incomodó un poco que el señor fuera exageradamente servicial, pero ya me he ido acostumbrando.

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