Dante observó cómo su tío empuñaba el arma y le apuntaba directamente a él. Sus palabras se habían quedado en el viento ante la negativa a responder de su sobrino. Él más allá de no querer hacerlo, estaba inmóvil en su lugar. — ¿Por qué no respondes? ¿Te comió la lengua un ratón? —Se burló el hombre. — Déjalo. Eres solo una mierda más de Alexander —Paulo intervino y se posicionó frente al castaño, sin importarle nada—. De los dos, yo soy el más poderoso, si quieres atacar a alguien, que sea a mí. El hombre volteó un poco la cabeza y sonrió, detallando al italiano. — Con que tú eres… — Si, yo soy. — Quién lo diría… yo asesino de uno de los italianos más importantes del mundo. Con un pequeño gesto, Paulo señaló la parte trasera de su pantalón, para que Dante revisar

