—Es increíble el parecido con mi esposo, si hasta parecen gemelos — dijo sin poder dejar de verlo. —Sí, y como usted ha dicho no es normal, pero ahora lo que importa es Audrey, lo único que deseo es que ella no me odie. — Montse lo miró con dulzura. —Y no lo hará. — En cuanto las puertas del ascensor se abrieron en el penthouse de Audrey, él la buscó con la mirada, pero no la vio. —No voy a pasar, ella no quiere verme, así que la dejo aquí — Montserrat salió del ascensor mientras observaba el lugar, escuchó ruidos no muy lejos de ahí y se dirigió al lugar, al entrar era una cocina enorme, y vio a una hermosa joven acomodando cosas. —Hola — dijo Montserrat asustando a Audrey. —¡Oh por Dios! — dijo Audrey con una mano en el corazón — que susto me ha dado ¿quién es usted? —Montserra

