— ¡Laura, laura! — la zarandea por los hombros el castaño.
La chica se remueve incomoda ante las sacudidas de su amigo. Decide ignorarlo y hacerse la dormida para que la dejara tranquila, pero parece que eso lo empeora ya que las sacudidas son mucho más frecuentes y siente como llama su nombre muy cerca de su oído en un volumen desagradable —¡ya estoy despierta! ¡Deja de moverme Manuel! —le grito irritada.
El castaño la ve con sorpresa. ¿De dónde había salido es malhumor? —Laura. Tienes hambre. Si quieres puedo traerte algo—
— ¿Me viste cara de hambrienta Manuel? —pregunto en un tono para nada pacifico estrujándose la cara para quitarse el sueño atrasado que tiene encima.
—No. Claro que no. Es solo que pensé que a eso se debe tu mal humor ¡estás que espantas a todo el que se te acerca! —se burló con una sonora carcajada.
—Muy gracioso —hablo sarcástica ya de pie frente a su asiento —¿Qué paso? ¿ya se le paso el alcohol a ese hombre? Quiero irme a mi casa rápido—
—Tranquila. Solo vengo a decirte que ya podemos irnos —el ve como ella lo observa no entiendo lo que le dice —ya Fernando puso la denuncia y solo hace falta que tu vayas a poner tu firma en la recepción—
—No entiendo Manuel. Pensé que era necesario que yo estuviera presente en la denuncia —le pregunto siguiendo al castaño hasta la recepción. Ya allí la señora les dio un lapicero a ambos para firmar unos papeles que no pude leer muy bien por el dolor de cabeza que siente. Hasta la señora nos tendió un recipiente acolchado lleno de tinta para poner nuestra huella dactilar; Manuel como testigo y ella como denunciante.
—Lleve esto también señorita — le dijo la señora de la recepción antes de que pudieran alejarse mucho de la ventanilla —esto va de parte de comisaria. Para que asista con estos dos médicos para una consulta—
Laura la ve con una expresión de perplejidad en su rostro —gracias señora pero no es necesario. El no llego a… —
— Tranquila señorita. Lo hacemos por formalismo. No es algo obligatorio. Pero yo le recomendaría que fuera— le entrego las dos hojas con la firma y el formato de la policía y la dirección de la clínica —que pasen un buen día—
En poco tiempo y antes de que la chica lo esperara el carro ya se encontraba en la carretera y todo el camino a su casa se la pasó adormilada. El reloj del carro de Manuel decía que iban a ser las doce de la tarde —Manuel ¿vas a ir a la empresa a esta hora? — pregunto casi inaudible.
—Sí. Debo presentarme, aunque sea medio día. Aprovecha Laura, Fernando dijo que podías tomarte la semana libre si quieres —
La chica no le respondió de inmediato pensando en lo que ese implicaba. No puede echarse toda la semana y más ahora que su jefa y compañera de proyecto la señora luisa le dijo que debían montarse sobre un plano nuevo. Le gustaría poder ayudarla —no creo que me tome toda la semana Manuel—
—Eres muy terca Laura. Tomate estos cuatro días como un descanso. La señora luisa no te va a necesitar si es lo que piensas — le animo aparcando el carro frente a la casa de la chica.
—Quien sabe Manuel. —se quitó el cinturón de seguridad para salir de ese carro hacia su casa y esta vez Manuel entro con ella. Su madre le dio una calidad bienvenida con un fuerte abrazo. Tenía ya rato que no lo ve. les ofreció a ambos una taza de café. La chica lo rechazo, pero si se levantó a tomarse un vaso de agua. Por más extrañó que pareciera su madre no le pregunto nada acerca del día de ayer. Al parecer se había aliviado cuando Manuel la llamo y le dijo que el la fue a recoger y que se había quedado a dormir con una de las chicas.
La joven de pelo marón rojizo No aguanto mucho la conversación animada de su mama y Manuel así que se despido de ambos y se fue a su cuarto a descansar. Tiro todo lo que hubiera en su cama y coloco su bolso junto a la carpeta llena de papeles que le dieron en estación. Ya después leería con calma lo que había firmado porque ahorita solo tiene en mente algo y eso... es dormir.