Con el cabello aun desaliñado, y una pijama de líneas la mujer permaneció en el desolado lugar durante una hora. Sus labios no dejaban de temblar y su tez se volvió aún más blanca y frotando sus manos trataba de agarrar algo de calor. Era una mañana fría de invierno, un día después de navidad donde las familias y parejas se reúnen sin embargo ahí estaba ella llorando en silencio miserablemente en un oscuro lugar. -¿acaso hoy también debe ir a trabajar? ¡Carajo! Es veinticinco de diciembre que se supone que va a ir a ser hoy en la empresa, no obstante abro mis ojos y él ya está vistiendo un elegante traje y se dispone a salir. Es tan descarado que incluso se atreve a enojarse conmigo por no recordar nuestra cita de mañana ¿Por quién crees que estado tan ocupada? ¡Fue por ti imbécil,

