Mientras traba de reorganizar mi vida y la nueva casa con muchas cosas en mente, en la anterior casa estaba en la puerta un Gael, algo molesto por tener que venir a recoger sus cosas. Al abrirla se percató de que había muy pocas cosas, que yo no había llevado, y recordó que todas y cada una de ellas eran las que el en el transcurso de estos años había podido comprar. El resto de muebles, y demás artículos de hogar, eran míos, y el no podía decir lo contrario. Se topó entonces con un librero esquinero, con un poco de sus libros de colegio y anuarios escolares. Caminando rumbo a la cocina, se encontró un feo juego de vajilla, una tostadora y una jarra de té. Que su madre nos había dado. Al subir por la habitación estaba en el cuarto de visitas su mobiliario de colegio, una cama, un escritor

