—Hola, Katrin —me dice con una ligera sonrisa, casi imperceptible. Su voz es grave, llena de la seguridad que una vez adoré en él.
—¿Qué haces aquí? —pregunto, sin poder entender cómo ha llegado hasta este lugar. Mi mente se niega a funcionar y mi corazón late tan fuerte que apenas puedo oír mis propias palabras.
—He venido a recuperar lo que es mío —una chispa obstinada, pero a la vez protectora, brilla en sus ojos.
—¿Y qué es lo tuyo aquí? —sigo sin entender por qué está aquí, qué ha cambiado.
—Mi La Rebelde y nuestra hija.
Esas palabras hacen que mi corazón se contraiga literalmente, y siento cómo las lágrimas, pesadas y amargas, comienzan a nublarme la vista. ¿De verdad ha venido por mí? ¿Cómo se ha enterado de que vivo aquí? ¿De verdad pudo habérselo dicho Vi? ¡Le pedí que no lo hiciera! ¿Y qué debo decirle ahora a Maxim? ¿Tendrá tiempo de escucharme o, como en mi sueño, no querrá siquiera oírme?
LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE LOVE