SILVIA Todo era blanco. Cegadoramente blanco. Me sentía física y mentalmente atrapada en los retorcidos laberintos de mi mente mientras todo volvía a mi mente. Marcus. Mi madre. Jason. Dios, Jason. Mi corazón llegó a un punto álgido cuando sentí que entraba y salía de la conciencia, incapaz de liberar mi imaginación de las horribles imágenes de Jason herido. Podía oír el sonido desesperado y estridente de un pitido que penetraba en el silencio de mi mente mientras sentía una mano cálida que estrechaba la mía. Era él, lo sabía. Los sonidos a mi alrededor se intensificaron cuando por fin me sentí plenamente consciente por primera vez en Dios sabía cuánto tiempo. Sentí que me pinchaban durante horas, hasta que solo quedamos el silencio y yo, sola. Me forcé a abrir los ojos, arrep

